Las cartas de Rosa Chacel y Ana María Moix.

Las cartas entre Ana María Moix y Rosa Chacel las ha editado con el título De mar a mar, la editorial Comba.

Más bien son una reedición, porque hace bastantes años – en el 2003-ya salieron con el mismo título en Península.

Y no es que esto esté mal, sino que una se pregunta la razón de que se oculte que el libro ya existía. Es como – puede que no, pero suena así- si se obviara la existencia de un precedente, o se ninguneara. Yo las compré entonces, las leí y ahora he comprado esta edición y las he vuelto a leer. No he comparado, pero tengo la sensación de que se han subsanado algunos errores- en tipografía- y sin embargo hay cartas que yo recuerdo más largas y aquí hay, en algunas, exceso de corchetes, como si se hubiera omitido contenido. Tendría que buscar el libro, que a saber dónde anda…

El caso es que las cartas son muy interesantes. Dan dos visiones muy contrapuestas de la vida y del acercamiento a la literatura. Moix empieza a escribir a Chacel en 1965, su última carta es de 1975. Empieza la correspondencia siendo una cría de 18 años. Chacel vive en Brasil hace años y se siente una desconocida ninguneada en España. Para ella es un soplo de aire puro por lo que significa de reconocimiento que Moix le escriba y le diga que hay autores que se interesan por ella. Para Moix, Chacel significa una referencia literaria.

Siendo eso así, las cartas también definen un modo de ser que tenía que chirriar en parte. Quiero decir: Por mucha referencia que Chacel fuera, siempre se advierte en Moix un egoísmo inconsciente; un apropiarse de consejos, ideas, de contar su vida, de preguntarle, y en Chacel una sensación de que Moix puede llegar a ser una excelente escritora, pero a la vez no le dice “ lo que quiere oír”; no sé explicarme bien: Chacel necesitaba ser leída comprendiendo aquello que escribía,  y Moix nunca pareció llegar a entender el fondo de la escritura de Chacel. Es como una falla que sobrevuela todas las cartas. A Moix le “encantaba Teresa” pero le “gustaba mucho” la Sinrazón y nunca- en estas cartas- llega a analizar el fondo del por qué le gusta.

Al lado de todo ello, es muy interesante la forma de acercarse a la creación literaria; para Moix, que le pregunta cómo se escribe una novela, hay como una necesidad de volcarse en lo nuevo, lo actual, las nuevas formas, para Chacel lo importante es el tema, sus contradicciones, y a partir de ahí nace el estilo. Le dice “ las cosas de calidad son las que tienen valor de signos”; esta frase me parece un resumen perfecto de su ideario como escritora. Es decir, que, o una obra significa por sí misma, y por tanto perdura fuera de coyunturas, o no es de calidad. Esto, Moix no termina- a mi modo de ver- de “pillarlo”, por decirlo con un vulgarismo. Es, a mi modo de ver demasiado “terrenal”, quizá mucho más vitalista por edad que Chacel, en el sentido de ver, hacer, actuar, y en las cartas se la ve dudar, cambiar de ideas, esbozar proyectos, mientras que Chacel le dice que se centre en lo importante, en ser ella misma, etc.

Curiosas también las relaciones indirectas con Pedro Gimferrer y Guillermo Carnero; del primero, que  Ana María considera muchísimo, Chacel casi desde el inicio ve una falta casi completa de entender su obra- la de Chacel- y del segundo, que Moix trata en las cartas con cierta displicencia, Chacel valora mucho más su inteligencia y su creatividad.

Se habla por supuesto de la vida diaria, de cine- casi nunca están de acuerdo- de cosas familiares un poco sesgadamente, de la situación política en España.

Para concluir, aun no siendo la primera vez que se editan, es un libro que tal y como es, resulta muy interesante para quienes les interesen dos formas de ver la escritura mediante esta correspondencia.

 

Acerca de alenar

Alena Collar. Periodista. Escritora. Madrileña.
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