Día de las Letras Gallegas.

Hoy  es el día de las Letras Gallegas y a mí siempre que me hablan de literatura de esta tierra se me viene a la memoria Rosalía de Castro, Celso Emilio Ferreiro y Manoel Antonio.

Naturalmente que hay decenas de escritores/as más, pero digamos que son mis autores/a de referencia.

A cada uno llegué por caminos distintos. A los dieciséis años, las obras de Rosalía en editorial Aguilar fue el primer libro que me regaló mi madre en mi cumpleaños después de faltar mi padre. Significó  no sólo un regalo que a mí me hacía muchísima ilusión porque ya había leído algunos poemas suyas en aquellas antologías de Austral-Espasa-Calpe, sino porque fue un símbolo. Con ese regalo mi madre quería significar que aunque mi padre no estuviera y la situación económica de mi casa empezara a estar dentro de un túnel, siempre habría dinero para libros. Que siempre se consideraría que eran tan necesarios, vitales e imprescindibles como aquellas croquetas que inventaba de mil maneras para las comidas.

Rosalía hizo que mi adolescencia fuera mejor. Fuera más esperanzada y fuera más rebelde. Me hizo entender muchas cosas, de otras vidas ajenas como la suya, hecha a base de resistir, de no quedarse varada, de decir en libertad.  Follas Novas, sus Cantares Gallegos, o sus obras en castellano como  la más conocida, “En las Orillas del Sar”, pero también las cartas que aparecen en esa edición de Aguilar en las que se queja de la situación en Galicia, y del ninguneamiento de la mujer, de la pobreza y miseria de las gentes trabajadoras, de la injusticia social, de la propia lengua gallega  que reivindica. Rosalía sabía muy bien de qué hablaba: era hija bastarda, creció en un hospicio hasta que la recogió un familiar suyo, estuvo enferma desde pequeña. Y además era mujer. Para mi adolescencia que necesitaba estimulos y empuje, no lo hubo mejor: si ella llegó a ser quien fue, si  ella con todas sus dificultades y trabas, mucho mayores que las mías había sido capaz de escribir una poesía de tan alta calidad lírica, de tan alto vuelo, y si hoy se la reconocía como una de las mejores Poetas de nuestro país, quería decir que había que Resistir, decir lo que se piensa y seguir escribiendo, viviendo, a pesar de lo que fuera.

A Celso Emilio Ferreiro llegué por otros caminos; llegué buscando ya conscientemente, con más de veintitantos años; su Longa noite da pedra me conmovió, me llenó de luz paradójicamente el camino, me enseñó la lucha social, el compromiso, el lugar en el que yo quería estar, junto con otros grandes poetas y escritores que iba leyendo configuró una manera de leer, una forma de buscar, una piedra metafórica que lanzar con aquellas gentes en el fango de la injusticia.

“Me quedaron para siempre de él estos versos:

Hei de chorar sin bágoas duro pranto

polas pombas de luz aferrolladas,

polo esprito vencido baixo a noite

da libertá prostituída”

Versos que hoy me parecen igual de actuales.

Cuando empecé a trabajar uno de los viajes que hicimos en verano mi madre y yo fue a Galicia, a La Coruña concretamente. Aparte de ir a Padrón, a rendir viaje a Rosalía- alguna vez lo he contado- y darle las gracias porque yo “también” había transitado el dolor y la tristeza y gracias a ella encontré “ astros y fuentes y flores”, aparte de esto, digo, aprovechamos para fisgar en librerías de viejo, que entonces había unas cuantas, y dimos con una especie de feria de domingo libresco.

Me ha gustado siempre que salgo a algún sitio, comprar libros en el idioma del lugar al que voy. Y allí, vimos un libro del poeta Manoel Antonio. Al que yo confieso que no conocía de nada. Mi madre cuando le dije que “ este no sé quién es” , me contestó a su modo: “ y si no te compras el libro seguirás sin saberlo”…

Fue un poeta de primeros del siglo pasado, muerto en 1930. De él me quedé el sabor del mar, la lejanía, la nostalgia de no pertenecer al lugar en el que vives; imágenes arriesgadas que explicaban , otra vez, travesías: parece que en mi vida personal me “persiguen” los autores que buscan, que se arriesgan…me dio –entonces yo ya “pretendía” escribir con un cierto orden- la idea de poder dar nuevo sentido a la realidad…Quizá Manoel Antonio no me llegó en un sentido subjetivista del término tanto como Ferreiro y por supuesto Rosalía, pero venía a completar una idea de “país”, Galícia, que en ese momento, cuando lo compré, yo estaba empezando a conocer físicamente y a querer. Esta estrofa suya me gustó siempre:

“As nosas soedades

veñen de tan lonxe

como as horas d’ o reloxe”.

A leerla pensé que las mías también…

Ojala que Galicia nunca más tenga “soedades” y su lengua y su cultura reciban el respeto y el reconocimiento que merecen.

Acerca de alenar

Alena Collar. Periodista. Escritora. Madrileña.
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