“Celia en la revolución”. Elena Fortún. Un libro para adultos.

 

La gente de cierta edad en España crecimos con ciertos libros que hoy a menudo ni suenan a los críos de entre seis y 12-14 años. A las niñas, más bien, porque eran libros para niñas los de Celia.  Ora cosa es Cuchifritín y su pandilla que pueden denominarse más amplios.

Me refiero a Elena Fortún y su serie de libros “Celia lo que dice”, “Celia en el mundo”, “Celia se casa”, y varios otros.

Nos contaban la vida de una niña pequeña, desde los siete años hasta su adolescencia y madurez. Naturalmente nos la contaban desde el punto de vista de la niña, por lo que situaciones surrealistas y extravagantes se sucedían , pero para quienes leíamos curiosamente los raros eran los Mayores que daban en los libros aquellas respuestas.

Debo reconocer de antemano que a mí subjetivamente me gustaba muchísimo más la serie de Borita Casas sobre Antoñita la Fantástica. Me explico: en los libros sobre Celia yo no me reflejaba.  A mí, aun siendo una niña pequeña, me parecía un poco raro el mundo de Celia,  me parecía que lo que ahí se contaba no “pasaba” ni en mi casa ni en las casas de las personas que yo conocía. Y lo leía “como un cuento que alguien se inventaba”. En los de Borita Casas, sí. Me parecían libros en los que ocurrían cosas normales, sencillas, que contaba –que podía contar- una niña, que también crece, madura, se casa, etc.:  curiosamente el peor de la serie de Antoñita es el de su boda; siempre me ha parecido que es un añadido extemporáneo  que no parece ni escrito por la misma pluma.

Yo también fui –como Celia y Antoñita- por decirlo en palabras breves, “una niña bien”, para entendernos, pero en el primer caso me faltaba algo evidente que yo entonces no conocía; y es que los libros de Elena Fortún se escribieron en la primera mitad del siglo pasado, hasta que su autora murió en 1952. Y naturalmente la forma de ver, escribir, y de narrar una vida cotidiana por fuerza tenía que estar muy alejada de la mía.

Borita Casas sin embargo empezó a escribir en 1948. Y su mirada sobre la realidad infantil es muy distinta. Ya han pasado años después de la guerra. Aunque Casas ha sufrido tragedias personales –muerte de dos hermanos en ella cada uno de un bando distinto- , en sus libros adopta una visión muy apegada a la realidad, al costumbrismo, a la cotidianidad de cada día.

Todo esto viene a cuento de que, salvando estas diferencias que relato, fueron libros que cada serie en su estilo dieron una visión desde los ojos de una niña de lo que pasaba en su vida cotidiana.

Faltaba uno en esa serie, “Celia en la Revolución”, que edita ahora Renacimiento.

Este libro, nos cuenta en el prólogo Trapiello  fue terminado en 1943,  Marisol Dorado lo publicó en Aguilar en 1987. Luego desapareció de librerías.

En él ya no hay inocencia. Aunque se pretenda la ingenuidad de Celia, quien escribe –y lo vemos desde el inicio- es una autora que nos cuenta el mundo de Celia en la guerra Civil. Y lo que en el fondo narra es la propia visión de Fortún de la guerra civil.

Celia es una niña bien, de familia izquierdista, del modo vagoroso que las familias bien son de izquierdas, para entendernos, salvo el padre que es claramente una persona comprometida con los ideales izquierdistas de la República. Y la guerra le estalla en su pequeño mundo personal, destrozando cada una de sus tranquilidades, seguridades o certezas.

Nos narra la vida –no vida- en el Madrid sitiado, su marcha hacia Valencia, Albacete, Barcelona, el hambre, la miseria, la ignorancia y la zafiedad de un bando y otro, las muertes injustas e incalificables por parte de unos y otros, las traiciones, la usura, las delaciones…y al final su exilio.

De un estilo casi solanesco en sus descripciones, sombrío en los tonos,  a veces recortado en las expresiones; breves pinceladas para reflejar un sentimiento o una situación.

Es un libro doloroso, escrito- se le nota- para cauterizar heridas, en el que sólo los recuerdos y el sentimiento de seguridad que le dan algunos paisajes familiares, algunos lugares como su antigua casa, hacen respirar al lector de vez en cuando.

El lector se puede sorprender en él de muchas ideas que en Celia se mantienen intactas a lo largo de la novela a pesar de todo lo que le ha sucedido; la idea de Dios, por ejemplo. La idea del “no matarás”, la idea del Bien de los otros.  Pero hay una idea central en todo el libro que para mí destaca y es el cómo a la gente común y corriente la guerra no les “llegó”: les estalló en la cara. Y cómo después de ella no había nada para reconstruir sino el exilio para quienes la perdieron o la venganza para quienes la ganaron.

No es este un libro para niños. Yo creo que es el único de la serie que Elena Fortún escribió para contarse a sí misma cómo pudo ocurrir tanta desgracia en sus vidas.

Léanlo.

 

Acerca de alenar

Alena Collar. Periodista. Escritora. Madrileña.
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