La Feria del Libro: esa queja anual…

Siempre que se acerca la Feria del Libro escucho temas parecidos. Todos los años. Por una parte los libreros se quejan, por otra parte los editores se quejan y por otra final los autores nos quejamos  (pongan el femenino correspondientes que si no es un aburrimiento de “los/las”).

Los libreros se quejan de muchas cosas, desde el lugar de la caseta que les corresponde – no es igual el inicio que el final del paseo, ni estar al sol que a la sombra, ni estar al lado de terraza que en lugar inhóspito), pasando por el dineral que cada año cuesta estar con caseta en Feria ( y no, no recuperan y a veces, muchas,  pierden dinero), siguiendo por la necesidad de contar con autores que aseguren al menos los fines de semana ( entre semana se vende poco), y también con las trabas administrativas para estar. Además del agobio de correo, paquetes por hacer, traslados a la Feria, organización de los días, falta de cortesía de las editoriales ( muchas más veces de las debidas a la persona que envía esos temidos mailing presentando los autores de la Feria que quisieran ver acogidos, ni siquiera les ponen cara, por ausencia durante el resto del año; el generalismo, la falta de interés real durante el año, el acordarse de que existen sólo en Feria, también es muchas veces frustrante), o las exigencias a veces casi impositivas de “tener que contar” con determinados pesos pesados que, aunque aseguren público  tampoco aseguran ganancia: hay autores que venden caro su caché;   para acabar con la perspectiva de dos semanas al sol o la lluvia del Retiro, sin saber si al menos se van a cubrir las expectativas de, por lo menos, no perder dinero.

Los editores se quejan; de la falta de respuesta de los libreros, del ninguneo de las pequeñas editoriales que se ven representadas de forma casi anecdótica, del rechazo  de determinadas casetas a compartir con ellos, de tener que depender de alguien que conozca a alguien para que un autor suyo pueda firmar, de ciertos elitismos de algunos libreros, de tener que contentar a los autores más vendibles y no disgustar a los mediopensionistas, de tener que hacer equilibrios con las cuentas y las salidas a punto para la Feria, que, para muchas editoriales pequeñas o independientes es la casi única forma de visibilidad real, aparte de las presentaciones que hagan sus autores.

Los autores se quejan, de que las librerías “siempre lleven a los mismos”, de que sus libros no estén más de un día expuestos, de que los editores no se ocupan de ellos, de que les pongan la firma un día que ellos no quieren, de no conseguir al fin ir a firmar, de que la editorial no les de publicidad suficiente, de que a veces se tengan que buscar ellos las habichuelas, de que si les buscan caseta tengan que compartirla con “ ese/a que me va a hacer sombra porque vende el doble”, o “ con Fulanito que no sé ni quién es”.

Todos los años. Nos quejamos todos/as.

Sí.

Y sin embargo… allí estamos. Libreros, editores, autores ( pongan el femenino) todos los años.

¿Qué tendrá la Feria?…

 

Acerca de alenar

Alena Collar. Periodista. Escritora. Madrileña.
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Una respuesta a La Feria del Libro: esa queja anual…

  1. Entre queja y queja -todas justas y comprensibles- una sonrisa en forma de caseta. ¿Si no fuera por las ferias, cuántos lectores menos habría? Sí, ya sé que tampoco comprar un libro en feria asegura su lectura, pero digamos que la aproxima.
    Ojalá que tus días de firma sean fantásticos.

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