La renuncia de Kertész. “La última posada”.

Por fin termino La última posada, de Imre Kertész.  He tardado mucho más de lo que pensaba por temas literarios míos, y me fastidiaba porque el libro es muy interesante.

El libro es una recopilación de diarios del autor en sus últimos años de vida, empieza poco antes de recibir el Nobel de literatura  y termina unos meses antes de morir.

Una diría si leyera deprisa que es la crónica de una decadencia física, y lo es, claro, pero además es una reflexión continua sobre temas que en el autor están siempre bullendo. Por ejemplo, el “extrañamiento” de uno mismo. Kertész siempre se ve a sí mismo como a un extraño, y más desde que recibe el Nobel. Se contempla como personaje.  Y no se gusta nada. Por otro lado, el hecho muy contradictorio de ser un judío de Hungría al que se reconoce en Alemania pero no en su propio país; al menos en su propia percepción de los hechos. Además de eso, hay una sensación en todo el libro de culpa, de no ser digno, de no estar en el lugar debido, y finalmente una percepción de no ser entendido.

Kertész cuenta en forma de diario su vida cotidiana pero también juega con el lector: los textos de “la última posada” son la “novela que está escribiendo quien escribe el libro que es un diario”; y entonces se desdobla en el escritor del diario, el escritor que nos cuenta que está escribiendo “la última posada” y los propios textos de ella.

Decir que esos breves textos a mí me parecen los menos significativos porque meramente son una conclusión interpolada de  los diarios que hemos leído y que son el texto íntegro.

Naturalmente en el libro aparece su condición de judío; asunto que le lleva a contradicciones, interrogaciones, y análisis de sí mismo pero también de la situación internacional; Kertész es claramente pro-israelí; es más, está convencido de que Europa desea la desaparición de Israel como pueblo, y sin embargo mantiene algún posicionamiento ambiguo sobre Palestina; justifica a Israel en su  política pero  dice un “no sé qué hacer” cuando la situación se agrava en los territorios ocupados.  De todas maneras, sus ideas en este sentido a mí me han parecido lo menos interesante del libro; no está  basado en eso sino en una forma de pensar de alguien que está convencido de su decadencia, de que va a morir, y de que nada de lo que ha hecho justifica su vida.

En lo personal me ha interesado mucho. Me parece un libro lúcido y valiente. A ratos corrosivo. Sin excusas. Un libro que al final es una metáfora de la renuncia a seguir contando.

Y lo recomiendo.

 

Acerca de alenar

Alena Collar. Periodista. Escritora. Madrileña.
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