Marian Torrejón; una línea narrativa. ” Al pie de una pared sin puerta”.

Mientras leía Al pie de una pared sin puerta, de Marian Torrejón, la novela que edita Talentura Libros, estaba pensando dos cosas.

La primera que no es necesario tener muchos libros publicados para ser realmente un Escritor/a, y la segunda que esta excelente novela prolonga a una serie de escritoras que cuentan de una manera elegante, sobria, sencilla y natural la experiencia, cada una en su tiempo, del paso de su niñez a su madurez. A escritoras españolas me refiero.

Leyendo el libro de Torrejón, me han venido a la cabeza “Recóndita armonía” de Marina Mayoral y “Porque éramos jóvenes” de Josefina R. Aldecoa.

Me han venido a la mente por la delicadeza en el contar ese paso de la inexperiencia vivida a tragos largos de la adolescencia al podríamos decir desencanto o asunción si se quiere de lo que somos en la edad adulta.

Es una forma narrativa llena de ternura la de Marian Torrejón, de sinceridad al contar, con un estilo muy directo, sin adornos, diciendo lo que quiere decir, al que no le sobra ni falta nada en el escrito, y, aunque al principio puede despistar un poco por el continuo flash back que hay, que conduce al lector a través de una historia paralela: la de Eli, la narradora y la de Nuria, su amiga.

Porque en el fondo hay dos voces aunque una – Nuria- sea “narrada”-, dos voces que viven una ciudad adolescente, de sexo, de drogas, de discotecas, de copas hasta el amanecer, de amor, de desencuentros, de pérdidas. Y a través de esas voces también vemos “lo que queda” de todo eso: igual que en “Porque éramos jóvenes” o en “Recóndita armonía” se nos está diciendo que, después de todos los naufragios queda un poso, queda un resto de lo que fuimos, en “Al pie de una pared sin puerta” queda aquello que nos unió una vez.

Una historia de aprendizaje, sí, pero también de crecimiento personal, que a mí al menos me deja un leve, muy tenue sabor a nostalgia: dice Nuria casi al final de la novela: “entonces hacíamos locuras a todas horas”. Y una, es decir, yo, asiente, como asiente Eli en la novela.  Con una media sonrisa que restaura el tiempo que huye.

Creo que Marian Torrejón tiene una cualidad innegable; lo que relata no es una impostura; no se “viste” de un ropaje para contar. No envuelve lo que narra para “seducirnos”.

Es una novela muy cuidada en el lenguaje, en los tiempos narrativos, en la forma de unir suavemente los capítulos. Muy  trabajada.  También muy sobria narrativamente: es decir, tratándose de una novela insertada en recuerdos, muchos de la adolescencia y la juventud , mantiene exquisitamente el lenguaje natural  sin descender en ningún momento a eso tan de moda hoy que es “escribir como se habla”. Y yo, como lectora lo agradezco. Porque añade a la sencillez el plus de la buena literatura.

Me gustaría recomendar la lectura de este libro, y añado que me gustaría leer pronto una nueva novela de la autora.  Sinceramente.

 

Acerca de alenar

Alena Collar. Periodista. Escritora. Madrileña.
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