Tres barullos- literarios- para animar octubre.

Hay tres llamadas polémicas literarias circulando estos días con mejor y peor resultado final; es decir, montar bulla que es de lo que se trata en las tres. Y ando yo dando vueltas a cada una como si –al menos dos- fueran importantes. La tercera sí lo es a mi modo de ver.

Vamos con el trío.

La identidad de Elena Ferrante.

Para empezar con franqueza, yo no he leído a Elena Ferrante. He hojeado y ojeado –ambas cosas- las 20 primeras páginas de su saga: media horita en mi librería; a mí no me interesa ese estilo de literatura. Entiendo que es una literatura que llega al lector; se nota desde el inicio que está destinada a “gustar”; plantea desde el comienzo temas que a muchísima gente le hacen engancharse al libro y me parece bien, conste, pero a mí me aburre. Yo pido otra cosa a la literatura.

Yendo con el tema en cuestión, a mí me parece que la “persecución” de un autor/a y más a través de medios tan ruines y mezquinos como indagar en su privacidad financiera es propia de los tiempos que vivimos; en los que un titular de prensa se paga a precio de oro.  Creo que eso no es periodismo sino lo que hay hoy; miseria moral.

Dicho esto…a la editorial le viene de perlas que se hable, mantener el misterio, que se propaguen distintas versiones; da más publicidad y gente que igual no la conoce va a interesarse ahora. Es un buen lazo para atrapar lectores, así que en el fondo les ha venido de perilla.  En lo personal a mí me da igual que Shakespeare se llamara Shakespeare o John Smith. Lo que me interesan son sus obras.

La segunda.

Olmos y Bolaño.

Tampoco he leído a Bolaño. Leí algunas páginas de promoción o algo así de un tocho llamado  2666, y lo dejé. No recuerdo ni de qué iba. Sé que se le da mucho bombo y más desde que se murió. Tengo cierto interés por leer su Nocturno de Chile, pero demasiada pereza- hay libros de esos, que dices, a ver si lo leo, y terminas sin leerlos-; sé que se le ha elevado a las alturas y eso de entrada me rechina bastante; leo desde hace años que es maravilloso, asombroso, espectacular…todo eso me aleja de su escritura; además y muy subjetivamente a menudo noto una pedantería infumable entre quienes dicen leer a Bolaño; es decir, como si leer a Bolaño otorgara una “categoría especial de Buen Lector Que Sabe”; y a mí las categorías me rechinan. Yo no sé si Bolaño escribía bien o mal, sinceramente,  no puedo juzgarle por tanto.

He leído el artículo de Olmos; yo creo que Olmos escribe lo que piensa y eso me parece de perlas.  Tiene todo el derecho del mundo. También creo que su artículo no da una sola razón literaria – no demuestra lo que dice, solo emite juicios- y que por tanto literariamente no tiene validez. Es decir, que si dice que sus cuentos son infumables, a mí al menos me tiene que explicar por qué. Porque si no, me parece meramente un juicio subjetivo.

Lo que sucede es que conociendo los artículos de Olmos una lo que saca en conclusión es que este es precisamente lo que ha querido hacer: meterse con Bolaño para crear barullo, follón y polémica. Y supongo que todo eso tiene mucho que ver con los circulitos jilipollas- con jota- en los que todos los literatos/as que se precien andan metidos; con el conmigo o contra mí y con el “y ahora voy y te lanzo una china”. Pues, qué quieren que les diga; con su pan se lo coman. Que se peguen con mucha salud. Ayer ya se andaban divirtiendo unos y otros en redes insultándose mutuamente. Eso siempre crea entre los afines –a una tendencia o a la otra- una sensación de “Grupo” que no veas lo que “viste”.

El caso de Elvira Navarro y  Adelaida  García Morales.

De Adelaida  García Morales leí con unos veintantos años una novelita- era corta- que me dejó buen gusto, El silencio de las Sirenas. No la recuerdo demasiado, porque la saqué de una biblioteca pública y la leí muy a lo rápido. Pero sí tengo en la memoria una sensación agridulce, de ternura, de nostalgia, y de, ¿cómo decirlo?…de que la escritora había reflejado de modo ficcionalizado bastante parte de su juventud; más no puedo decir. No seguí sus libros, es decir, me agradó sin más pero no tanto como para buscar más libros suyos.

A Elvira Navarro no la he leído ni tengo el menor interés. Me parece una autora creada artificialmente por el marketing. No me gustan sus entrevistas, ni su pose, ni muchas de sus declaraciones, que me parecen banalidades. Y yo creo que se ha equivocado muchísimo. Creo que es muy joven y la han aconsejado fatal desde su editorial. Porque se puede hacer ficción sobre un escritor, claro que sí, pero no usando la ficción tomando  datos reales y tergiversando o haciendo- como parece- una novela  de sucesos propios de revistas del corazón. Y lo que no se puede desde luego es tomar personajes vivos y hacerles decir porque te parece guay lo que nunca dijeron.  Creo que a Navarro, desde la editorial, si había buena fe en ella, tendrían que haberle hecho ver que una cosa es la ficción y otra la mentira directa.  Leí lo que escribió Víctor Erice y estoy completamente de acuerdo con él. Si quiere usted escribir sobre alguien, vaya a las fuentes, explíqueles lo que está haciendo, su propósito, pídales permiso, sea respetuosa sobre todo con la memoria de los muertos y no invente sandeces. En esta historia me llevo días preguntando para qué carajo sirven a veces, o a quién, las editoriales.

 

Acerca de alenar

Alena Collar. Periodista. Escritora. Madrileña.
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