“La eternidad de un día”: crónicas de un crepúsculo.

Sobre La eternidad de un día. Clásicos del periodismo literario alemán ( 1823- 1934),  libro editado por Acantilado y con prólogo selección, notas y traducción de Francisco Uzcanga, he venido apuntando alguna nota en redes, aunque de sentido muy disperso. Comentando alguna cosa que me parecía para reflexionar, o algún tema que me llamaba la atención.

Tengo mis dudas a la hora de hacer esta reseña sobre qué enfoque  darle. Porque no es un libro al uso, ni sencillo de reseñar por lo variado de sus temas y de sus autores.

El libro recoge los artículos de una serie de periodistas que tomaron la denominación de feuilletonist; es decir, hablando en común, el tipo de periodista que escribe sobre una gran diversidad de temas actuales de modo más o menos ligero y poético; lo que sin tanto empaque- por así decir- en España hizo en el siglo XIX y primeros también del XX una serie de literatos  y periodistas, con el célebre “artículo de costumbres”.

Son escritos de muy diversos estilos y por eso no guardan entre sí en común salvo referirse a costumbres, modos de vida y política de Austria y Alemania.  Escritos por hoy olvidados escritores y por otros que a lo largo del tiempo adquirieron muchísimo prestigio.  Doblin, Musil, Thomas Mann, etc, pero también Carl Von Ossietzky, Heinz Pol, Oscar Maria Graf y la única mujer que aparece antologada: Else Feldmann.

En casi todos ellos salvo en algún caso curioso, el de Max Frisch, se percibe una crítica soterrada o explícita a las costumbres y modos de vida alemanas, un espíritu irónico a la hora de situarse ante el mundo que les rodeaba, y una ingenuidad casi absoluta ante el porvenir salvo en el caso de Oscar María Graf, con un artículo demoledor titulado “quemadme”, después de la quema de libros del Reich, y el de Heinz Pol “reseñando” un libro de Goebbels.

La mayoría de los autores que aparecen en la compilación son de ascendencia judía; me ha resultado curioso leer en muchos de ellos ya en los años treinta una forma de ver los inicios del nazismo como algo a combatir sin duda pero ¿ cómo diría yo?…pasajero. Esa inocencia de considerar los tiempos que vivían como una especie de “tránsito” que no duraría mucho. Y más terrible cuando en la mayoría de los antologados la fecha de su muerte coincide con la época 1938-45. Y en muchos casos o bien asesinados o  bien por suicidio.

Me ha llevado a pensar en la inocencia. O más bien en cómo insertos en una época histórica que estaba ya dando las siniestras señales de lo que vendría, los escritos , a pesar de las críticas, no parecen entender la gravedad e insanía de lo que pasaba.

Otros escritos anteriores a esa fecha, reflejan sin embargo el crepúsculo de Weimar, para entendernos, el fin de una época, o el recuerdo de lo que fue; un tono aquí delicado y casi intimista cuando son escritores del siglo XIX; Heine reflejando un concierto de Paganini, Maximilian Harden, riéndose de la bien pensante opinión, en 1889, o Hermann Bahr dando a conocer la novedad de las opiniones de Isadora Duncan en 1903.

De este libro se sale con la sensación de haber leído “ un tono”. Es decir, una manera de ser, que, con los cambios lógicos de época y personas, guardó una levedad crítica, irónica, a veces muy muy diletante, y muchas veces, demasiadas, absolutamente ciega ante el porvenir.

Me ha interesado mucho el libro: también me ha causado tristeza.

 

Acerca de alenar

Alena Collar. Periodista. Escritora. Madrileña.
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Una respuesta a “La eternidad de un día”: crónicas de un crepúsculo.

  1. Hay demasiados actos humanos que provocan esa tristeza de la que hablas; pero si no fuera por la tarea de los periodistas de cualquier tiempo, quizá viviríamos más en la inopia aún.

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