Julio Jurado y lo sombrío. “El bombardero azul”.

Conozco a Julio Jurado hace la tira de años. Ha venido siempre – o casi- a mis presentaciones de libros, siempre que puede ayuda a difundirlos, y es una de las personas más generosas y nobles que conozco.

Julio Jurado ha escrito un libro que yo compré y cuando lo compré me pidió que fuese con él igual de sincera que lo soy con cualquiera. Y esta reseña lo es.

El bombardero azul, que ha publicado con Adeshoras es un libro de relatos que me ha gustado en parte y que en parte me ha dejado algo perpleja. Y me explico.

Se divide en tres secciones, más un prólogo. Cada sección está precedida por una cita: Dostoievski, Novalis y Ionesco. Esas citas creo que definen qué podemos buscar en cada una de ellas.  La primera son cuentos  de corte naturalista, la segunda es un experimento narrativo contando lo que llaman ahora “distopía”; es decir, en castellano: se nos cuenta un mundo futuro o soñado más bien en el que el protagonista tiene que superar una serie de pruebas para llegar a una finalidad más o menos concreta- luego entraré más en esto- y la tercera se compone de dos cuentos muy cortos en los que predomina el juego metaliterario.

Hay una unidad temática en todo el libro: el absurdo. Las situaciones llevadas al absurdo y la representación del mundo como algo absolutamente incomprensible e insolidario. En estos relatos no existe la esperanza. En ninguno. Los personajes, alucinados, siniestros, ingenuos, asustados o criminales, simplemente existen. No son dueños de sus vidas, no eligen nunca.

El relato que da título al libro es- en mi criterio- una novela corta. De corte aparentemente fantástico pero que en realidad refleja la alienación del mundo real en el que vivimos: los seres que lo transitan son personajes de una sociedad artificial construida para ellos mediante el olvido, el engaño o la anulación del recuerdo. Una metáfora de lo que podemos estar ya siendo si no decidimos escapar de esa realidad virtual en la que quieren  convertir el menor de nuestros pensamientos.

Es el más largo y el más elaborado. El más consciente de una narratividad a largo plazo: quiero decir, que otros cuentos tienen trazo más ligero, quizá más descuidado en el acabamiento formal.

Julio Jurado usa un lenguaje muy natural, muy sencillo al escribir; pero esa sencillez no quiere decir que su contenido lo sea. A mí me ha dejado la lectura una impresión extraña: sinceramente..  El mundo, los mundos que nos pone ante nosotros, es absolutamente sombrío. Y me pregunto si sólo es en sus personajes o si también el autor interpreta así la realidad.

La perplejidad me viene en un aspecto “formal” de la estructura.  Creo que hay una dismetría de extensión excesiva en unas partes y otras de las secciones: la última parte, son dos cuentos, con 35 páginas en total, la primera tiene 70 páginas, y la sección que titula el libro, 74. Creo que eso influye en que la percepción del lector de los cuentos de la tercera sección sea menor; es decir, pasamos de una novela corta estructurada en tempo lento a dos cuentos breves de tono muy rápido, de estilo metaliterario; hay un choque ahí de perspectiva lectora que puede distanciar a quien lee.

Para terminar: me ha parecido un libro narrativamente digno, escrito sin impostura, sin adornos narrativos, sin pose. A la  vez, subjetivamente, me ha dejado triste…

Léanlo, y me lo cuentan.

Acerca de alenar

Alena Collar. Periodista. Escritora. Madrileña.
Esta entrada fue publicada en Literarismos. Guarda el enlace permanente.