Mercaderes del libro.

Se acaba un año lleno de libros leídos. Muchos, disfrutados, otros pasaron simplemente  sin más, alguno que directamente no me gustó.

El resumen general es curioso. Se edita, al menos en España, una ingente cantidad de libros. En editoriales llamadas “grandes”, en editoriales pequeñas, en editoriales llamadas independientes, en pequeñas editoriales en las que a menudo la editorial son dos o tres personas, en autoedición, en co-edición, pagando, sin pagar, pero se publica. Y no da dinero salvo a las grandes empresas editoriales.  Bueno, y en el caso opuesto y extremo a las editoriales semifantasmas que te sacan las pelas y luego si te he visto no me acuerdo, a esas también.

Se edita muchísimo más de lo que se puede leer si uno no quiere volverse majareta ; se llenan y vacían las mesas de “novedades” a velocidad de vértigo: “hace dos meses” para un libro ya es ser antiguo.

Y…

Se promociona el 2 por cien de lo que se publica. Es decir, que el lector sencillo, de todo eso, solo ve una ínfima parte de lo que existe. Que puede existir, pero que es invisible.

Es decir, que, o se dedica a ser curioso, a no creerse lo que le muestran como “lo que no puede perderse”, a indagar, a preguntar, a estar en otros ámbitos lectores, o nunca se enterará de que hay vida más allá de Anagrama, de Alfaguara o de Tusquets; con todos mis respetos hacia las tres editoriales.

Me entra la risa floja cuando un editor de una “Gran Editorial” sale en los periódicos explicando que “no ha sido un buen año”: todos los medios a su disposición, las columnas de los suplementos culturales para las reseñas a tres columnas, las radios ofreciendo entrevistas con “la Novedad de este Año”. Y “ no ha sido un buen año”…jódete, lorito.

Para un autor mediopensionista, un  “buen año” es salir en un periódico local, una entrevista en un blog cultural, o una pequeña reseña en una web de cultura.

A donde quiero ir a parar es a que, sí, se publica mucho más de lo que se lee, pero ocurre que el lector/a no sabe que se publican otras cosas además de las que les quieren vender de modo institucional.

Y a eso no se le puede llamar libertad de decidir para el lector. Lo que no se difunde no existe. Luego, naturalmente aparece la publicidad encubierta del libro de fulanito o menganita diciendo que es lo mejor de la década: eso es lo que ve el lector. No tengamos encima la caradura de decir desde esos medios que es que el público “ quiere eso”. El pobre público ve lo que le muestran.

Para mis lecturas ha sido un año dispar. Al lado de libros muy buenos, he leído otros precedidos de muchísima fama, a los que me he acercado con interés y han resultado una completa decepción. Y a la vez, he leído libros excelentes, unos conocidos y otros casi invisibles, que me han vuelto a merecer el tiempo que les he dedicado.

Ojala que el año que viene, al menos pueda seguir leyendo y reseñando libros, aunque sean “invisibles”: si alguien me lee y decide que le interesan y encima va y lo cuenta, añadimos visibilidad entre todos a quien no se la dan los mercaderes del libro.

* En las fotos, las “Torres” de libros que me restan por leer…

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Acerca de alenar

Alena Collar. Periodista. Escritora. Madrileña.
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