El Concierto de Viena de un novato en Viena. Dudamel.

 

No soy entendida en música clásica. Me gusta muchísimo y he escuchado muchísima, pero no “sé” música.   Es por eso la opinión subjetiva de alguien a quien le encanta la música.

Y me parecido decepcionante, penoso y absolutamente frío el concierto que ha dirigido Dudamel en Viena.

He llegado esta mañana a la segunda parte. Como no se debería opinar de nada sin haberlo visto o leído, he visto hace un rato la primera.

La primera parte ha sido penosa. Yo no sé si Dudamel estaba nervioso o quería acabar pronto pero ha  hecho de cada pieza una especie de maratón  a ver cuál se terminaba antes. Lo de los intervalos, el silencio, la pausa, le suena a chino. Un pobre espectáculo, rematado con la obra de Strauss, “la llamada infernal de Mefisto”: parecía que en vez de llamada infernal estaba llamando  a la puerta de la taberna. Un desastre.

La segunda parte ha tenido dos obras salvables: la que la ha iniciado, “La dama de Picas”, que pedía el ritmo que le ha dado, y “el coro de la luna”, de Nicolai, que sí ha tenido la pausa necesaria.

Una esperaba “El Danubio Azul” y se ha encontrado una cascada ligerita y sin profundidad, sin marcar los tempos narrativos, sin adentrarse en la largura del tema principal, demasiado rápido, demasiado precipitado, demasiado ligero otra vez: ninguna detención en las notas, ni el menor reverbero, ni la menor sombra de eco.

“La Marcha Radetzky” ha terminado de rematar el penoso espectáculo. No mire usted, no es eso. Es más, yo no sé nada de música pero es que o ha acortado la pieza o se ha saltado parte, o lo ha tocado a tal rapidez que aquello tenía sí, mucho de “marcha” y nada de la composición de la obra original.

A mí me parece que Dudamel igual dentro de diez años está preparado para tocar en el Concierto de Viena: hoy me ha parecido que está demasiado verde y que Viena le queda demasiado grande.

Afortunadamente el año que viene dirige un experto.

 

Acerca de alenar

Alena Collar. Periodista. Escritora. Madrileña.
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