Elena Fortún y Carmen Laforet. Las vidas mutiladas. ( epistolario)

Iba a empezar esta reseña como siempre, citando el nombre del libro y sus autoras. Luego iba a contar de qué va, y expresar mi opinión. Pero me es muy complicado.

Este libro habla del dolor. De literatura también, pero sobre todo de vidas que se cruzaron y que en el mismo país y con edades diferentes fueron mutiladas por el tiempo y la sociedad que vivieron.

Cuánta impotencia se siente leyendo a Elena Fortún y a Carmen Laforet escribiéndose y diciéndose entre líneas a veces que así no se puede sobrevivir más.

Estas cartas entre ambas me zarandean; me zarandea leer a Laforet entrevelada queriéndose sin vida propia porque “es lo adecuado”, me zarandea la agonía de Elena Fortún, porque seguimos casi en las mismas, me zarandea leerla que el sacerdote al que le pide que “rece” para que se le alivie el dolor físico le contesta “caritativamente”, que no lo hará porque ese sufrimiento le “evitará sufrir en el purgatorio”. Hay que ser mal nacido, y perdonen la licencia que me tomo.  Me zarandea la sensación en todas las cartas de vidas truncadas, de clima asfixiante, la necesidad de Laforet de referencias literarias y éticas, su soledad,  personal y literaria, me zarandea la convicción de Elena Fortún de que las cosas no se pueden cambiar y hay que resignarse.

Fueron mujeres que hicieron lo que pudieron en un mundo que ni las entendió, ni quiso entenderlas. Que a menudo las ninguneó.

He leído estas cartas como pidiendo yo perdón. Perdón por tratar así en este país de infamia durante tantos años a personas que lo único que quisieron fue ser ellas mismas.

Y después las sublimaciones, naturalmente, los modelos erróneos, los parches. Laforet dejaría al final de escribir. Llegaría a una religiosidad sustitutiva, falsa, encubriendo todo lo que pudo haber sido y no fue. Fortún, en sus últimas cartas, por mucho que le dé la razón en algunas cosas, mantiene entre líneas una reticencia  muy sutil. Es como si entreveradamente se leyera: “si a ti te sirve, yo no voy a negarte el consuelo”.

Este epistolario, titulado Carmen Laforet y Elena Fortún, de corazón y alma, lleva los prólogos de Cristina y Silvia Cerezales Laforet y de Nuria Capdevila-Argüelles: interesantísimos, amenos y esclarecedores.

Y yo les recomiendo muy sinceramente el libro.

Acerca de alenar

Alena Collar. Periodista. Escritora. Madrileña.
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