Maite Núñez no escribe en vano. “Todo lo que ya no íbamos a necesitar”.

Hace unos días me ponía yo “estupenda” por aquí – es decir, solemne- contando la preciosa experiencia de escuchar a Luis Landero, cuando dijo aquello de “no escribir en vano”. Fue una reseña de presentación fuera de esa “mesura” que muchos quieren que tengan las reseñas; y lo fue porque yo no soy mesurada cuando el asunto me toca la fibra.

Viene a cuento esto porque esta reseña tampoco lo es. Mesurada, digo.

Maite Núñez NO escribe en vano.

Lo estaba pensando ayer cuando terminé su magnífico libro de relatos Todo lo que ya no íbamos a necesitar, editado por Editorial Base.

Pero si hago esta afirmación, hay que demostrarla. Y a eso voy.

Maite Núñez ha escrito un conjunto de relatos en el que el tema que subyace en todos es un tema común, aunque las situaciones sean distintas: la Pérdida.

La pérdida de la inocencia, la pérdida de la tranquilidad, la pérdida de un hijo, la pérdida de la seguridad impostada, la pérdida de le propia imagen construida en falso, la pérdida de la verdad y de la mentira, la pérdida de la venganza, la pérdida de la dignidad maltrecha, la pérdida de la tranquilidad, la pérdida de la verdad- en este caso por ganar la fe de otro , en No tengas miedo-, la pérdida del miedo, curiosamente en Buonasera Signora Campbell, y finalmente, en el último relato la pérdida de la razón.

Todos ellos, hablan de padres e hijos. Todos ellos testifican una ausencia, un hueco, una grieta por la que se desliza insidiosa y fatal una falla, una carcoma, un roto.

Todos ellos muestran a personajes con sus vidas pequeñas, anónimas, desconocidas; vidas que podemos encontrar en nuestro Barrio, que bien podría ser el recurrente barrio en el que Maite Núñez sitúa muchas de sus narraciones:  San Cayetano.

En todos ellos aparece “todo lo que ya no íbamos a necesitar” como aquello que definitivamente es lo que nos resulta imprescindible. Lo que se ha roto, muerto, perdido, olvidado, o dejado atrás sin poder hacer más que sentir “que las pérdidas superaban a los enclenques beneficios, con un margen profundo, desalentador”.

Las historias de estos relatos son historias cotidianas; la madre que es ingresada en un geriátrico, la niña que tiene miedo a la muerte de su madre, la mujer que no desea tener hijos por miedo a la ausencia, la muchacha que quiere huir de un ambiente familiar  asfixiante y no se atreve hasta el final, los críos que quieren reírse de una profesora y sus profundas carencias afectivas de fondo, el chaval al que le dan una “bofetada” de realidad y a partir de ella no puede mirar a la madre desde la ingenuidad…podría seguir.

El lenguaje de Maite Núñez nunca es artificial. No hay impostura, no hay adornos, no sobran ni faltan palabras para decirnos lo que quiere decir; utiliza el final abierto en todos los relatos, y en todos ellos permite a través de la elusión, del silencio narrativo, que el lector/a  interprete a su modo eso que no se dice pero que subyace implícito.

Ayer, al terminar el libro pensaba que hay escritores/as que NO escriben vano. Maite Núñez NO escribe PARA, escribe PORQUE. Cuida el lenguaje, el tono, el tempo narrativo, el fraseo. Ajusta cada relato y a sus personajes de forma que nunca es la autora a quien leemos, sino a ellos.  Ha llegado a algo que en narrativa es fundamental: no escribe del yo, ni del tú, aunque estén en  sus vivencias- como las de todos , uno no escribe exento de un contexto-, escribe de Ellos. Es decir, de los demás, de Nosotros. Y eso sólo son capaces de hacerlo los grandes narradores.

De más está decir que recomiendo con entusiasmo este libro.

Acerca de alenar

Alena Collar. Periodista. Escritora. Madrileña.
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