“La habitación de Nona”. Crear un tapiz. Cristina Fernández Cubas.

Dicen que un libro hoy día tiene una vida media de tres meses en las estanterías de novedades de librerías y grandes superficies. Incluso los libros de los que llamamos Grandes.

Yo sé que este libro ha recibido ya críticas muy elogiosas, ha salido en casi todos los suplementos literarios, ha tenido entrevistas su autora, y que sigue ahí: sostenido y leído.

Y quiero decir que me alegro una barbaridad.

Porque La habitación de Nona, de Cristina Fernández Cubas es un libro de relatos absolutamente genial.

No voy a contar, no quisiera porque hay ya reseñas que lo han hecho, contar de qué van los cuentos, sí hablar de otras cosas que me sugieren.

La habitación de Nona plantea, creo, la posibilidad de que lo extraño, insólito, sobrenatural, tenga que ver con nuestras vidas. O más bien, de que se tome por algo insólito lo que es enfermedad, miedo, obsesión, o patología. La posibilidad también de que bajo la apariencia vulgar de lo cotidiano se escondan reinos interiores ocultos, venganzas desconocidas o psicosis.

El terror de una niña a ser asesinada. El reino abandonado que habita entre nosotros. El dolor de una ausencia irreparable. El no reconocernos a nosotros mismos.  Los celos de unas crías ante la boda de su padre. La enfermedad o la psicosis.

Son temas comunes, que pueden suceder. Ahora bien, Cristina Cubas los inserta en la vulgaridad a través de la aparición de símbolos sutiles, como en una pieza de un tapiz de modo que, al verlo completo no sabemos bien dónde ha colocado la pieza para que el tapiz resulte inquietante. A veces es una frase completa: “Mi hijo vive aquí, conmigo.” Una frase sencilla, normal, habitual en una anciana que le enseña la casa a una desconocida. Y sin embargo, durante todo el relato se han ido ofreciendo señales subliminales al lector, para que cuando llegue esta frase se sobresalte. “Tú eres la responsable de su existencia”, Ha empezado a hablar y se ha detenido en seco” dice en otros cuentos. Podría dar más ejemplos.

El tema es; cómo una frase sencilla que, exenta, no significa, puede cambiar el sentido de un relato y hacer que dudemos de la realidad que se nos ofrece y nos insertemos en otra: subterránea, inquietante, tenebrosa a veces, en otros cuentos llena de ternura, como en La nueva vida, y en alguno como en el último , Días entre los Wasi-Wano en una realidad real en la que la realidad alternativa se nos ha ofrecido como refugio de una vida miserable.

Cristina Fernández Cubas domina el lenguaje de tal modo que los nexos de unión entre las dos realidades que presenta en sus relatos se ensamblan de modo natural  consiguiendo que el lector se deje llevar por el propio relato, integre las dos realidades en una sola y les de forma, creando así un tapiz perfecto.

Al otro aspecto que me quería referir brevemente es a cómo juega la autora con una de las características más naturales que hay no solo entre los seres humanos sino entre todas las especies: el miedo.  Todos estos cuentos dan miedo. Pero no dan miedo porque sean relatos “de miedo”, sino porque nos hablan de cosas ocultas que tememos; Fernández Cubas lo que hace es ofrecérnoslos bajo la capa de una historia que “pudo ocurrir”: y eso es lo que nos asusta: que “pueda ocurrir”.  Es cierto que literatura que usa el miedo hay mucha, pero la de Cristina es de otro calado: es la forma de tratar el miedo en sus relatos lo que nos asusta. Porque lo que ocurre en ellos se ofrece como natural. Es decir, no una fantasía, sino algo tangible. Palpable. Presidiendo la narración.

Me he leído este libro en unas horas. Es un libro que perdura. Que deja poso, y que ayuda: ayuda a aprender cómo escribir relatos.

Espero que los disfruten tanto como yo y que el libro siga mucho tiempo en esas baldas de “mejores ventas”: se lo merece.

 

 

Acerca de alenar

Alena Collar. Periodista. Escritora. Madrileña.
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