“Mujeres de la posguerra”. Inmaculada de la Fuente y la alcuza.

Inmaculada de la Fuente publicó Mujeres de la posguerra en editorial Planeta en el año 2002. No sé la repercusión que en ese momento tuvo el libro, ni he leído reseñas de entonces. Ahora lo edita y publica ampliado y reformado según se nos dice en la Editorial Silex.
En la contraportada se nos dice que el libro es “ una galería de mujeres escritoras y creadoras que recorren la posguerra y la naciente democracia y reflejan el dolor y la desolación de los años cuarenta[…] pero también la esperanza por el porvenir, las incipientes señales de cambio, la búsqueda de identidad”.

Siendo esto verdad, yo creo que no hace justicia al libro.

Porque este libro es un fresco absolutamente magistral de lo que fue el pensamiento creador de las mujeres escritoras- y una pintora- a lo largo del siglo XX en nuestro país y en el exilio.

El libro, aunque está por necesidades de unicidad dividido en tres partes-Los desolados 40, El lento despertar de los 50, Las creadoras del exilio– lo que desvela es cómo el pensamiento creador de estas mujeres fue vital para mantener la Voz creadora a pesar de la represión y del miedo.

Mujeres que de modo distinto ocuparon su tiempo en contarlo. En revelarlo; porque escribir puede ser una revelación, en hacerlo visible a otros a menudo con todas las dificultades del mundo para ello.

Inmaculada de la Fuente va mucho más lejos de una “cronología” narrativa que nos hable de estas mujeres: Carmen Laforet, Ana María Matute, Carmen Martín Gaite, Josefina Aldecoa, Dolores Medio, Mercedes Formica, Mercedes Salisachs, Rosa Chacel, María Zambrano, Mercé Rodoreda, Maria Teresa León, Maruja Mallo y Concha Méndez. Va mucho más allá porque De la Fuente nos sitúa en un contexto de inter-relaciones, cartas entre autoras, afectos, intereses creativos similares, disensiones, generaciones que se miran en las que ya están, diferencias de miradas sobre el tiempo en que viven, con años de diferencia en la misma ciudad. Y todo esto nos lo cuenta dando voz a las autoras, sacando a la luz lo significativo de sus obras, explicando los porqués y los cómos de su literatura y de su biografía, contando cómo ésta, la biografía, influyó o desanimó o impulsó su labor creativa.

Y esa lucha soterrada no sólo contra las circunstancias exteriores sino a veces contra las suyas; el caso de Laforet, exiliada de sí misma, o el de Chacel, exiliada exterior pero también de los otros; de los que quedaron y dejaron su labor olvidada.

Y además de esto, Inmaculada de la Fuente nos narra una historia entre líneas: muchas veces con humor, como escribe hablando de los años cuarenta: “ Eso explica que se percibieran a primera vista dos tipos de españoles: uno gordo y lustroso, y el otro estropeado y escuálido. El primero regalaba puros, el segundo coleccionaba catarros”, dice refiriéndose al estraperlo y a los años del hambre. Otras, describiendo en una frase única a una escritora, sin ser necesaria más explicación : Dice sobre Martín Gaite que desde pequeña : “ mantenía la capacidad de soñar sin perder de vista la vida que transcurría a su alrededor y la posibilidad de fabular sin dejar de escuchar lo que acontecía cerca ni alejarse de lo cotidiano” (página 179 ), o el bellísimo capítulo sobre Mercé Rodoreda, en el que termina: “ Dura y paciente como las piedras , arriesgada en el vivir y el escribir, y sin embargo siempre elusiva, dispuesta, como la niña que fue, a no recordar lo que dolía” ( página 457).

De este libro se sale por tanto no sólo con una idea acerca de estas mujeres, de su labor, de su trabajo y de cómo lo enfrentaron, sino con un tapiz que nos faltaba: el tapiz bordado de aquellas que compusieron una manera de ver, una forma de mirar, una historia que contar que atravesó el siglo y que fue más allá; que aún permanece. Y también es una fuente: una fuente donde beber y aprender e interesarse por las relaciones, por los focos y contrafocos, por las luces y las sombras, de estas mujeres y, a través de una imaginaria alcuza seguir buscando en ellas.

Añadir que el  libro se cierra con un índice onomástico y una bibliografía muy sugestiva para quien se interese en el tema.

No es necesario este libro: es imprescindible.

Acerca de alenar

Alena Collar. Periodista. Escritora. Madrileña.
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