Cartas de las hermanas Mitford. Libros inacabados.

Esta noche he dejado de leer el libro de las cartas entre las inefables hermanas Mitford. Quiero decir que no. Que sí, que es interesante, que puedes entender cómo y por qué la bajeza se puede instalar en el modo de actuar en una familia, que puedes aprender cómo es la mezquindad, el engaño, la mentira. Pero que con 200 páginas ya me vale de aprendizaje. Ya me he enterado. Y que no me interesa seguir sabiendo más.

El libro de Jessica Mitford que leí en su momento y reseñé me pareció magnífico. Entonces me preguntaba por qué Jessica lo deja justo cuando empieza la II Guerra Mundial. Ahora lo entiendo: porque el resto daba grima. A ella y a mí al leer estas cartas. Ahora entiendo que en aquel libro, Jessica lo que hace es en el fondo un homenaje a un tiempo de esplendor en la hierba; cuando nada aún se ha reducido a cenizas. Cuando aún la belleza podía existir en sus vidas. Como si quisiera rescatarlo para ella de su propia soledad.
Pero punto. No me interesa el cinismo de Nancy Mitford, ni la cobardía de Diana, ni el pasotismo de Pamela y Deborah, ni por supuesto la nazi adoradora de Hitler y reducida a psicótica cuando se pega un tiro y no consigue suicidarse. Ni las florituras del querer aparentar grandeza- que no demuestra tener ninguna- ni sus vestidos, ni sus caballos, ni sus niños tan simpáticos. No me interesan las hermanas Mitford. No me interesa su “legado”, suponiendo que sea un legado estas vidas mezquinas, ruines y falsas. Sólo me interesa del libro haber vuelto a aprender que hay gente que por una ideología- la que sea- es capaz de vender a su familia, traicionar a sus amigos y denunciar a gente a la que dice querer. Y prevenirme de estos tiempos también oscuros en los que advierto otra vez muchísimos signos que muestran que el odio, la intolerancia, la radicalidad de unos y otros nos está regresando en una espantosa pesadilla a aquellos tiempos. Me hace reflexionar. Sobre mí: yo no denunciaría jamás a un amigo, a un familiar, por muy radicalmente distinto en ideas que fuera de las mías. Yo no acusaría, traicionaría, YO, NO. Porque soy incapaz de vender a quien quiero. Pensaba al leerlo: Nancy denuncia a Diana por antisemita, racista y peligrosa. Y al mismo tiempo los nazis estaban asesinando judíos, denunciando a los judíos.
¿Esa es la humanidad que queremos?… ¿Un mundo de denuncias, de señalar con el dedo, de “a ese, a ese, que no es de los nuestros”?…
Me acordaba de la última frase de Cien años de Soledad, de García Márquez. “las estirpes condenadas a cien años de soledad no tenían una segunda oportunidad sobre la tierra”.
Igual es verdad, pero yo soy de las que lucharé toda mi vida porque no sea cierto.

Acerca de alenar

Alena Collar. Periodista. Escritora. Madrileña.
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