Leyendo a Ricardo Piglia. Nota breve.

Casi toda la tarde leyendo a Piglia, sus “años felices”. Una sensación de esto sí, y me explico.

El tomo anterior me cansó. Me pareció un ejercicio de pedantería infantil, aunque hubo muchas partes del libro que me interesaron. Pero también hubo otras que me salté. No tengo ningún reparo cuando leo en saltarme cosas si me parece que no añaden nada. Y en el primer volumen las digresiones filosóficas de Piglia no me interesaron absolutamente nada.
En este, encuentro a un ser real. Puedo a veces no estar de acuerdo, otras reírme, otras subrayar, muchas, interesarme por lo que cuenta, pero todo ello sí me da la medida de un ser real, tangible. Puedo leer más deprisa algunas repeticiones o ideas reiterativas; pero eso también lo marca la estructura de diario. Lo que parece haber desaparecido es el Piglia pelmazo. Así de clarito; el que me echó para atrás en el primer tomo. Tuve entonces una sensación de “agitar el botafumeiro”- y creo que se me entiende de sobra- que me hizo terminar de leerlo muy por encima.
Lo que sí es cierto es que no me sucede algo que parece sucederle a mucha gente desde que se ha muerto: se le ha subido al altarcito. Ya es un Intocable. Eso me da bastante más grima. Leeré este tomo a ver si la sensación sigue siendo buena. Ahora bien, ¿leeré otros libros de Piglia?…Pues no lo sé. Es decir, ¿me interesa tanto como para leer algo que sea pura ficción?…eso no lo tengo tan claro.
Ya contaré más.

Acerca de alenar

Alena Collar. Periodista. Escritora. Madrileña.
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