Soledad Puértolas ” Chicos y chicas”. La vida sin explicaciones.

No he leído las reseñas que han salido del libro de relatos de Soledad Puértolas, Chicos y chicas. Porque quería opinar sin saber coincidencias o diferencias con lo que se haya dicho de él.

Y quizá me voy a detener en temas que me parecen sugestivos de este libro que, caigan un poco a trasmano. Imagino que habrán hablado de su extraordinaria capacidad narrativa, de su cuidado y natural lenguaje, etc. A mí me importaba destacar dos cosas.

La primera lo necesaria que me parece  la lección que da en cada relato acerca de la no explicación, la no conclusión. Es decir: la vida no tiene a menudo explicaciones para actos, sentimientos, hechos o reacciones que ocurren; bien, los relatos de Puértolas tampoco. Los actos, los sentimientos, las contradicciones, “ suceden”; suceden y ya está. No es tan importante si son coherentes o no, ni saber “cómo termina una historia”, porque en la vida a menudo somos incoherentes sin explicaciones y no “terminamos” las historias.

Los relatos de Puértolas son relatos de vidas que suceden a gentes absolutamente normales y corrientes y que responden a ese vivir según el momento, la ocasión o incluso el estado de ánimo. Por eso no finalizan. No se le da al lector un “ desenlace”: Puértolas atrapa a sus personajes, nos los sitúa frente al desencuentro, las relaciones personales, los matrimonios medio avenidos- que no “mal avenidos”-, las relaciones entre padres e hijos, y lo cuenta. Nos lo relata. Y aparecen mujeres miedosas, mujeres melancólicas, mujeres fuertes, hombres indecisos, hombres juerguistas-pero no tanto- , hombres tímidos, hombres directos, hombres asustadizos. Como en el vivir.

 

La segunda la sobriedad narrativa. Puértolas tiene un estilo –ya desde su novela Burdeos–  mucho más de testigo que de confidente, narrativamente hablando. Incluso en una obra como “Con mi madre”, que es autobiográfica, hay un consciente y deliberado distanciamiento narrativo que hace al lector entrar en lo relatado sin sentir la “autoría” de la narración. En estos once relatos se usa la tercera persona; el narrador que sabe todo de sus personajes; sin embargo ese narrador no juzga. Califica, sí, a sus personajes, los dota de formas de ser, de pensamientos propios, de modos peculiares de reaccionar, pero no hay un juicio de valor sobre lo que les sucede. Es el lector quien al acabar la lectura puede-o no- realizar este juicio.

 

En tercer lugar quería señalar la naturalidad con la que mediante una frase sencilla la escritora consigue englobar el paso del tiempo y que nos hagamos una idea de lo que ha sucedido en el mientras tanto sin necesidad de entrar en detallismos; bosquejar el paso de la vida en los personajes sin dar explicaciones al detalle. Todo eso sin recurrir a artificios de lenguaje, con frases tan sencillas como  “Pasa el tiempo. Otoños, inviernos, primaveras, veranos. Merche no volvió a la urbanización”.  Otro narrador hubiera detallado cada invierno, cada primavera; a nosotros nos basta con saber mediante esa frase que, durante muchísimo tiempo un personaje central de un relato “no volvió” a un lugar. Y a nosotros corresponde imaginar la razón o no imaginarla. Y la razón última sería que la vida es así: contradictoria, difusa, a veces incoherente y casi siempre sin explicaciones.

 

Magnífico libro que recomiendo muy sinceramente.

Acerca de alenar

Alena Collar. Periodista. Escritora. Madrileña.
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