Ignacio Ferrando. “La Quietud”. El territorio extremo.

Algún posible lector/a se puede preguntar antes de leer la novela de Ignacio Ferrando, la razón de su título. Hay un capítulo del libro alucinado y profundamente brillante que describe una situación límite- que yo no voy a desvelar aquí- en el que se describe qué es La Quietud.

Si yo tuviera que definir este libro diría de entrada que es una lucha encarnizada por atravesar ese territorio extremo de la Quietud.
Hay un instante en la vida, o una época si ustedes quieren, en las que atravesamos-casi todos- el extraño territorio de lo inmóvil. Y para atravesarlo descendemos a los infiernos de nuestras contradicciones, y a veces, muchas, no salimos indemnes.
Todo en nuestra vida son espejos. El padre que tuvimos y el que nos refleja y no seremos; el miedo a serlo y el temor de no serlo. Los hijos que pudimos ser, los que somos y los que imaginamos que serán y nos producen escalofríos. Las parejas que amamos por costumbre y las incidentales que reflejan aquello que quizás no nos atrevimos a amar.
Siempre pudimos ser otros; parece decirnos esta novela, pero permanecimos en la Quietud. Porque al atravesarla, había tanto hielo que retrocedimos. O que llegamos a la orilla tan exhaustos que quizá preferimos aferrarnos a lo último que nos queda e imaginar el resto.
Esta no es una novela sobre la paternidad. Ni sobre los padres y los hijos, ni siquiera sobre “la pareja”, dicho en lenguaje común. Sino que es una novela sobre la contradicción de vivir esas relaciones e intentar salir indemne de ellas.
Porque Ferrando nos dice con su escrito que nunca se sale indemne. Que la falla, el sobresalto, el hielo, está en nosotros. Que siempre podríamos haber sido otros, que reflejamos otros espejos y que eso nos asusta. Porque ser otro, reflejarnos, significa vernos en otro fotograma. Quietos. O en una cinta magnetofónica que nos dice algo que La Quietud ya ha engullido.
Magnífica novela. De un estilo limpio, sobrio, terso. Llegando en algunos capítulos a un lenguaje lírico casi onírico que perturba, y llena de simbolismos ambientales, creadores de una atmósfera que impregna todo el libro, y a la vez llena de preguntas sin respuesta, de interrogaciones que dejan al lector- a mí en este caso- dudando frente al espejo.

Acerca de alenar

Alena Collar. Periodista. Escritora. Madrileña.
Esta entrada fue publicada en Literarismos. Guarda el enlace permanente.