Libertad lectora.

Está siendo un verano extraño en lecturas este del 17. Tenía yo proyectadas distintas obras y al cabo de unos días me di cuenta de que no iba a seguir tal orden.
Es cierto que a veces se programa con cierto tiempo de adelanto lo que queremos leer: esos libros que todavía no se ha encontrado el momento, alguno que pensamos insoslayable, otros que nos decimos que ya es hora de ponernos, incluso novedades que, como nos descuidemos se van a convertir-tal y como está el asunto de publicar cada dos por tres algo nuevo- en antiguos.

Tengo al menos cuatro estantes o más de libros así, y según voy adquiriendo o me van enviando, los ordeno en virtud de distintos esquemas; novedad, amigos, comprado y para ya mismo, interés personal, etc. Muchas maneras de acercarme.
El caso es que así estaban las cosas a últimos de junio, primeros de julio, cuando llegó un libro que me apeteció empezar inmediatamente. Gente, años, vida, de Ehrenburg. Empezado el tal, avancé  hasta el fin del libro primero del mismo: doscientas páginas y ahí paré de momento: es libro para pausas.
A los días o en el mientras tanto me sugirieron amigos de las redes diversas lecturas, que en este caso compré en e-book; entre ellas Viaje con Clara por Alemania, de Fernando Aramburu, del que llevo un cuarenta y uno por ciento, según dice mi lector ebook.
Compré también “La Uruguaya” de Mairal, que me temo que será el próximo en leer, los Diarios, de Abelardo Castillo, y La tierra elegida, de Juan Forn. Todos en e-book.
La consecuencia de tal alboroto desordenado es naturalmente el desorden lector.
Y sin embargo, verán, debo reconocer que estaba cansada de un cierto rigorismo autoimpuesto por el que me estaba dejando llevar este último año. A veces una misma se crea obligaciones que en realidad no existen. Me encontré pensando que los libros que he comprado lo he hecho porque me apetecía, que otros que me han ido llegando ya tendrán su hueco y que, sinceramente, si leer me iba a suponer obligación para con alguien estaba dejando atrás mi libertad individual de leer como me dé la gana.
Tendrán que entenderlo –y si no pues qué le vamos a hacer- amigos y corresponsales, editores generosos y conocidos expectantes.
Reseñas para bien y para mal, todas; tiempo de lectura: cuando a mí me dé la gana. Y también, sinceramente, algunos libros llegados que no leeré.
Es tiempo de libertad hasta para eso.
De Ehrenburg ya iré hablando poco a poco.

Acerca de alenar

Alena Collar. Periodista. Escritora. Madrileña.
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2 respuestas a Libertad lectora.

  1. Me siento identificada, Alena querida, escribí en Mégara al respecto. Escribir y leer lo que se le da la gana a uno. Volver inclusive a algunas lecturas. Hoy nombré en la radio a Abelardo Castillo y a Juan Forn, a ver qué te pasa con ellos, ya contarás. Un abrazo.

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  2. En un tiempo de libertad de expresión, acaso la mejor prueba de libertad sea la de elegir cuándo, dónde, cómo y a quién lee uno.
    Es cierto eso que dices de que nos creamos una serie de obligaciones que conviene revisar de vez en cuando… A veces uno se da cuenta que acaban convirtiéndose, no sólo en carga pesada, sino nociva.

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