En compañía de quien no hizo ruido. Carmen Conde.

Esta tarde es una de esas tardes calmas que yo disfruto en casa. Lenta. Sin darme mucho por enterada del exterior. Cada vez las busco más y me agradan más. En ocasiones me sirven para escribir y en otras para leer; y en muchas ocasiones para leer libros nada actuales.

A veces me canso. Me canso de seguir tanto la actualidad de lo que se publica; no es que no me interese: hay libros que me interesan muchísimo, pero hay tardes, como la de hoy en las que lo que quiero, lo que me apetece es leer eso precisamente que nadie tiene interés por saber si me ha gustado o no.
Hay demasiado ruido. Demasiadas expectativas siempre sobre los últimos libros- sean de conocidos autores o no- que “salen”. Y a mí, muchas tardes, lo que me apetece es alejarme. Leer libros que he ido comprando también y que está esperando: en silencio, sin agobio, sabiendo que llegaré a ellos. Humildes y serenos.
A muchos de ellos los leo alternándolos con otros, dejándolos meses en olvido y luego retornando a ellos; sobre todo si son, como éste de hoy, poesía.
Entre tanto ruido hoy he pasado buena parte de la tarde con Carmen Conde, una antología que hizo Torremozas a fines de los años ochenta y que yo compré de segunda mano el año pasado. El libro tiene una dedicatoria a un tal Luis. A quien o no le gustó, o lo regaló, o su familia pensó que era una inutilidad. Vaya usted a saber.
He pensado mucho en ese “Luis” de la dedicatoria. En si no habría para él tardes calmas en las que leer el libro de Carmen: he tenido suerte. Así lo leo yo.
Carmen Conde, tan oculta, tan críptica, tan en busca de salvación personal, tan deseante de algo que no sabe bien cómo explicar, tan habitadora de límites. Tan recóndita. Tan a veces solo alusiva porque le asustaba nombrar.
Me ha dejado un rastro de aroma a jazmines. Volveré a retomarla. No sé cuándo, probablemente cuando necesite otra tarde para mí sola en compañía de alguien que no hizo ruido.

Acerca de alenar

Alena Collar. Periodista. Escritora. Madrileña.
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Una respuesta a En compañía de quien no hizo ruido. Carmen Conde.

  1. De esas tardes que tanto añoro y no sé por qué parecen tan imposibles ya como la circularidad del cuadrilátero.
    Ese “Luis”, Alena, debería ser protagonista de uno de tus relatos, esos en que lo íntimo es como un titular a cinco columnas en el periódico más leído.

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