Un mundo perdido. La exposición en la Juan March.

Hacía años, sin exagerar, que no iba a alguna exposición. Cada vez me cuesta más trabajo, no puedo estar de pie mucho tiempo, y en fin, lo he ido dejando. Lo echaba de menos porque durante toda mi juventud y incluso cuando ya trabajaba iba casi semanalmente a exposiciones. De distinto tipo, de pintura, de escultura, de grabados, de temáticas determinadas, sobre movimientos artísticos. Solo que llega un momento en que el cuerpo dice “se acabó”. Es con estas cosas con las que veo mis limitaciones. Tengo, de entonces, catálogos que pude ir comprando gracias al curro, y de antes, folletos que cogía a cada sitio que iba.

 

 

A la Juan March iba muchísimo. Había un conserje ya mayor que de extranjis me rebajaba el precio de los catálogos cuando me veía contar el dinero. Cuando no eran muy caros, claro: para mí, mil pesetas ya era caro. Pero si costaba 500 me decía que no, que “estaba rebajado y son 300”.
Hoy he preguntado por él; se jubiló hace años. La conserje que estaba dice que ella lleva veinte años; ella no me recuerda, yo no le he dicho que yo sí.
Hoy he ido a la exposición sobre William Morris Arts & Craft.
Hacía la típica tarde de otoño, fresquita y sin lluvia aunque con nubes. He ido y he vuelto en taxi, y al bajarme allí, me han venido un montón de recuerdos y sensaciones. Me he visto en metro, con aquella pinta…ay señor, qué pintas tenía yo…
He cogido “el folleto”, he estado viendo las salas. Es una exposición preciosa, no es extensa pero está muy bien detallada, hay objetos preciosos, aquí les pongo uno de ellos, tapices, vidrieras, cuadros, relojes, jarrones, paneles de cuero, baúles, armarios, biombos… toda una manera de ver y crear que muestra una Estética de lo Bello, de lo refinado, del Gusto. Los motivos de los tapices, de las cerámicas, flores, pájaros, escenas de la vida campestre…un mundo que ya no existe. Supongo que dirán que avanzamos, y sin embargo yo me siento en ese mundo de lo concreto, de lo Bello, hay una mesa de caoba que me recuerda una que existe en mi casa. Hay biombos que me recuerdan o asocio al que tiene un familiar mío. Todo un mundo, sí, que ya casi no existe pero que refleja una manera de vivir las Casas, una forma de habitarlas. Y que sí reconozco como mía. Y podrá perderse; pues claro: ahora se habitan casas decoradas para la funcionalidad, para no tardar en hacer las cosas, para no perder el tiempo en ellas. Y a mí, ya ven, me gustan las casas creadas y los objetos que existen en ellas para pararse, detenerse, mirar; quedarse delante del armario y saber que tiene una historia que contar, que la mesa además de para ponerse a cenar en ella, recuerda las vidas que la usaron.

Esta exposición me ha dado algo muy curioso: me ha dado calma. Sensación de pertenecer de alguna manera a un mundo que, aunque se pierda, yo también recreo en Casa.
Al ir a salir he preguntado cuánto cuesta el catálogo. Me ha mirado la chica con cara rara; al fin y al cabo mis “pintas” no deben haber cambiado mucho. Cuarenta euros, va y dice y me vuelve a mirar. “¿Aceptas tarjeta?”, le he dicho y he sonreído.
Y no ha dicho nada, salvo, “ ah, sí, sí, claro”. Luego le he añadido “ si no, te lo doy en dinero”. Y he creído ver el fantasma de un viejecito encantador que, desde no se sabe dónde, se sonreía…

Acerca de alenar

Alena Collar. Periodista. Escritora. Madrileña.
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Una respuesta a Un mundo perdido. La exposición en la Juan March.

  1. Timmy dijo:

    Si te leyera William Morris le saldría una sonrisa de oreja a oreja. Pues su movimiento de Arts & Crafts buscaba justo eso. Una vuelta a la artesanía, a la belleza tras la revolución industrial. Quería democratizar el arte. Y para ello su idea era hacerlo accesible al pueblo introduciéndolo en los hogares. Que la cultura estuviera al alcance de todos en su día a día, que dejara de ser algo elitista. Fabricando muebles y utensilios no sólo prácticos sino bellos. No lo consiguió puesto que la artesanía resulta muy cara de fabricar y se acabó convirtiendo en muebles que sólo los ricos podían adquirir. Pero lo que has hecho en tu casa desde que empezaste comprando esos catálogos (yo también soy de llevarme el folleto o el catálogo que me pueda permitir) es llenar tu casa poco a poco de esa cultura. En cada esquina.
    A mi es un movimiento que no sólo me gusta teóricamente, estéticamente me encanta también.

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