Antonio Soler. Un cierto aroma a espectro. “Las bailarinas muertas”.

Las Bailarinas muertas, de Antonio Soler es una buena novela que a mí me llega a destiempo. Y me explicaré.

Esta novela ganó el premio Herralde en 1996 y se reedita ahora por Galaxia Gutemberg. Si yo hubiera leído la novela en 1996 cuando aún andaba conociendo a Vázquez Montalbán, Pere Gimferrer, Terenci Moix, y cuando aún tenía entre mis libros estimados La Colmena, es decir, si hubiera leído la novela sin referencias de otros muchos libros que salieron, saldrían, irían editándose o yo leyendo, me hubiera encantado.
El problema es que, al leerla ahora, en este tiempo y después de la cantidad de novelas que han salido a lo largo de los años sobre los años “de aprendizaje” de escritores que radican su argumento en pandillas que crecen, en ambientes mediterráneos, en la atmósfera canalla de la Barcelona de medio pelo, garitos, tabernas, tablaos, en pensiones miserables y adolescencias terribles en un tiempo gris y desolado…leerla ahora, digo, me hace pensar : “más de lo mismo”.
La novela cuenta eso a través de un personaje central que es el alter ego del escritor, que vive en Málaga, que tiene una pandilla de amigos desharrapados, todos de influencia muy a lo Marsé, y que explica a su vez la vida de su hermano que en Barcelona les va enviando cartas y postales a su familia contándoles su mediopelista vida como bailarín en un espectáculo igual de mediocre que él. Narra así la vida de su hermano en la pensión, sus amigos, sus amores, etc.
Todo lleno de la misma nostalgia, desesperación y grisura con la que narraban este estilo de cosas Moix, Marsé, Cela- la pensión en Barcelona es un trasunto del café de Madrid en la Colmena, en la que también hay una “doña”-, la ironía de Gimferrer en sus libros acerca del mismo tema etc.
Y con todo eso, es una buena novela; con ritmo y ágil, con frases brillantes, con una buena transición para unir la narración de las dos atmósferas: Málaga y Barcelona, con ternura, ironía, cinismo, y está bien contada.
Sí. Pero el asunto es que ha envejecido fatal. Es decir que en 1996 fecha de su publicación y su premio pudo pasar por una novela de “las que se estaban escribiendo” acerca de estas cosas, pero hoy ya hemos leído- al menos yo- tanto sobre adolescencias grises, crecimientos y aprendizajes, atmósferas de “la vida canalla en Barcelona”, que a mí al menos me suena a deja vu.
Creo que hay novelas que es mejor que no se arriesguen a resucitar porque la nueva vida puede dejar un cierto aroma a espectro.

Acerca de alenar

Alena Collar. Periodista. Escritora. Madrileña.
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Una respuesta a Antonio Soler. Un cierto aroma a espectro. “Las bailarinas muertas”.

  1. Pero, estando de acuerdo en la base, quizá no sea malo que se ofrezca para quienes, con menos edad y lecturas que nosotros, descubran todo aquello, aquella espesura de melancolía gris.

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