Carson McCullers de tarjeta postal. ” Iluminación y fulgor nocturno”.

Iluminación y fulgor nocturno de Carson McCullers es un librito de apenas cien páginas al que han añadido los editores las cartas que la escritora y su marido, Reeves se mandaron durante la segunda guerra mundial.

Una se pregunta a veces con cierta perplejidad si las ediciones se hacen con buena fe o para demostrar que ni de lejos nos acerquemos más al autor de las memorias. Vamos a ver, las memorias están inacabadas porque la escritora se murió antes de finalizarlas, pero dejó ordenado que aparecieran las cartas dichosas.
Las memorias como tal son entrañables, divertidas, amenas, y al leerlas una termina pensando que McCullers pasó por la vida como la señorita Marple. Es decir, como un ser benéfico, encantado de la vida, de sus amigos y de estar en el mundo. A mí me han gustado pero creo que son unas memorias dictadas aposta con el ánimo de que el lector/a piense lo que yo pienso: “mira qué maja”.
Las cartas son una muestra de que hasta en las guerras hay gente que pasa por ellas como si fueran una molestia personal. Aquí solo leemos el deseo de la pareja de volverse a ver, que ella sigue escribiendo y que no tiene ganas de nada porque no están juntos y que él está muy jorobado porque no tiene tabaco. Lo más que le pasa es que en un bombardeo le destrozan una mano, lo mandan a un hospital y hace todo lo posible para que lo licencien e irse a su casa.
A mí me han dejado la impresión de que eran un par de ególatras de consideración. Es cierto que hay frases, fogonazos de cierta literatura, a veces, pescadas en la sopa para entendernos, pero nada más. Al acabar pensaba sin poderlo remediar, “ qué americanos”. Es decir, qué superfluo todo, qué inane, qué bondad de tarjeta postal-
Es el segundo intento de leer a esta escritora; el anterior fue “la balada del café triste” y no pasé de la página seis. Es también el último.

Acerca de alenar

Alena Collar. Periodista. Escritora. Madrileña.
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