Una cabeza “vacía”

A raíz del artículo de un escritor enfurecidísimo porque se han atrevido- vaya osadía- a decirle algunos críticos que siempre escribe sobre lo mismo, sobre sí mismo, se me ocurre a mí escribir –eso sí, con muchísimo sosiego- una reflexión sobre el asunto.

Una-yo- escribe reseñas y además perpetra de vez en cuando libros. Pero una no va de pardilla por la vida , entre otras cosas porque a los 58 años si vas de pardilla es que no tienes ya remedio.
Y pensar hoy, en la sociedad globalizada que tenemos, con blog, web, revistas, y así siguiendo que los lectores/as son los de hace treinta y cinco años, que compraban un libro, lo leían y lo más que hacían era comentar en una charla entre amigos lo de me ha gustado” o “es un bodrio”, es una pardillada. Como lo es esperar aplausómetros de todo el mundo “porque yo lo valgo”.
A los críticos, a los blogueros, a los revisteros y a los que escriben en web culturales nos gusta o no un libro. Y a no ser que seas un asalariado de la empresa que te paga y recibas ordenes –que también pasa- de escribir bien o mal sobre un libro, decimos de este lo que nos da la realísima gana. Y a eso se arriesga quien publica. Que puede escribir naturalmente que sí,  a su vez sobre lo que le da la realísima gana, pero que el reseñista también puede decir que siempre escribe sobre lo mismo si es lo que piensa del librito en cuestión.
Bueno, pues parece que no. Parece que hay escritores que deciden enfurecerse porque hay reseñistas que dicen lo que piensan. Una piensa que las pataletas son en general bastante perjudiciales para el corazón. Sinceramente. Y que las cabezas, cuando se piensan por encima del bien y del mal se inflan: de Ego.
Recibir palmadas no significa escribir bien. Recibir críticas tampoco significa que escribas mal.
Enfurecerse por una crítica literaria suele significar tener una cabeza “vacía”.

Acerca de alenar

Alena Collar. Periodista. Escritora. Madrileña.
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Una respuesta a Una cabeza “vacía”

  1. Publicar y no admitir las críticas es uno de los sinsentidos más extraños y extendidos de esto de la cosa literaria. Suponer que uno tiene derecho a escribir lo que le dé la gana, como le dé la gana y que eso le debe mantener al margen de opiniones negativas sobre su texto, es puro egocentrismo, por lo demás, algo que a lo largo de la historia ha sido uno de los ingredientes principales de este gremio.

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