“Mi vida con Goebbels” Una advertencia desde el pasado.

En el prólogo del libro Mi vida con Goebbels, nos explica Thore D. Hansen que el libro es una reconstrucción del documental Una vida alemana, realizado por Christian Krönes, Olaf S. Muller, Roland Schrotthofer y Florian Weigensamer. En dicho documental, Brunhilde Pomsel, contaba su vida. El documental se hizo en el año 2013. El autor nos dice que ha reconstruido y ordenado cronológicamente el film.

El libro narra pues los recuerdos de la secretaria de Goebbels. Periodista, afiliada al partido nazi, que a sus casi cien años ofrece un testimonio sobrecogedor por dos motivos: primero por ser un retrato de una buena parte de lo que se ha llamado “la ceguera alemana” ante el nazismo. Y segundo porque es una justificación que no la justifica.
Es sobrecogedora la forma que tiene de expresarse sobre el tiempo que vivió. Sobre lo que se pensaba de Hitler cuando ascendió al poder: “ no vi ninguna quema de libros, me enteré por los periódicos”, “cuando Hitler llegó al poder se respiraba un ambiente de esperanza renovada”, “ Y si mis hermanos iban a las Juventudes Hitleriana y vestían camisas pardas, en fin, que más me daba”. Así siguiendo.
La tesis de Pomsel es que no vio nada, no se enteró de nada, no se supo- nadie en Alemania salvo los jerarcas-  nada.
Hitler les dio al principio “ esperanza”.
El testimonio también añade valoraciones a posteriori: ella estuvo en un campo de concentración al final de la guerra y cuenta que supo lo de los campos nazis cuando regresó a Alemania en libertad. Cuenta que se horrorizó, que para ella significó un horror saberlo.
Durante todo su testimonio he estado pensando en el libro “tú no eres como otras madres”: es la misma ceguera, el mismo mirar a otro lado, solo que en el libro que cito hay una asunción de culpa y en este que reseño no hay el menor arrepentimiento.
Pero da la medida de algo terrible y que debe leerse: retrata a Alemania en el tiempo del nazismo, la forma en la que un régimen salvaje y genocida puede hacerse con el Poder absoluto con la complicidad de la población, que, como la autora dice “ nos importaba muy poco la política”.
Una vez acabado su testimonio, la segunda parte del libro es un estudio interesantísimo de Thore D. Hansen, titulado La historia de la Secretaria de Goebbels, una lección para el presente. En dicho estudio, el autor enfatiza la similitud de la época pre hitleriana con la nuestra y realiza un análisis completísimo de los populismos de derechas; del fascismo. De sus modos de operar, viendo similitudes evidentes en las dos épocas. Explica cómo el miedo al Otro, la recesión económica, la llegada de emigrados de un signo u otro, son usados por este-el fascismo- para conquistar el poder: pone los casos de Hungría, Turquía, el brexit inglés, entre otros. Y por último algo muy importante: acusa a la clase media, de pasividad, de cerrar los ojos, de mirar a otro lado, de pensar que “no va con ellos”, y a la sociedad civil en general de “despolitización”. Alude a que Pomsel dice de Hitler que mucha gente pensaba simplemente que era un cretino, y lo pone en relación con el presidente Trump. Esa “ceguera” a la que me refería antes. Ese no dar importancia, ese no obrar en consecuencia.
Creo que este libro, editado por Los libros del Lince es de obligada lectura en los tiempos actuales, y de obligada reflexión para quienes aún creemos en la libertad, la democracia y la justicia.

Acerca de alenar

Alena Collar. Periodista. Escritora. Madrileña.
Esta entrada fue publicada en Literarismos y etiquetada , . Guarda el enlace permanente.

Una respuesta a “Mi vida con Goebbels” Una advertencia desde el pasado.

  1. Ojalá, Alena, que sólo fuera ceguera.
    Me explico.
    A veces tengo la intuición (penosa) que más que ceguera es ir con orejeras voluntariamente puestas por la vida. No es que no veamos, es que no interesa mirar para no ver, porque pensamos o queremos pensar, que si nos arreglan ‘nuestro’ problema (el propio, el inmediato, el que acaso nos acucie) es suficiente. El resto, pues bueno, ya están los otros para tomar nota y hacer lo que corresponda. Como se dice: unos por otros la casa sin barrer.
    O sea, más que ceguera, se trata de narcisismo puro y duro. No mirar, no pensar, distraerse con brindis al sol. Lo que hay aquí es nuestro, por tanto los de fuera que no vengan, y si vienen que se vayan y si no se va, se les echa, y si no se les echa, se les arrincona y si no se puede con ellos -porque ellos serán siempre los culpables de cualquier problema que nos ocurra, hasta de mis jaquecas- se les extermina… Con tal de que no salpique.

    Me gusta

Los comentarios están cerrados.