“Mundo extraño” de José Ovejero: los extraños somos nosotros.

Acabo de terminar el excelente conjunto de relatos que publica José Ovejero en Páginas de Espuma bajo el título de Mundo extraño.

Ya se ha aludido en otras reseñas a la imaginación de estos cuentos, a su facultad de representar lo insólito y a su dominio de la situación narrativa. A mí me gustaría basar mi crítica en dos aspectos que me han interesado muchísimo. El primero es el de la creación de la tensión narrativa de cada cuento. El segundo la desfiguración del objeto narrativo-o del sujeto- en cada relato.
Ovejero plantea, bien en tono realista, bien en tono figurado y surrealista diferentes situaciones. Situaciones que en muchos casos son una metáfora- excelente por ejemplo el cuento titulado Escaparates, que se planifica como una estructura arquitectónica de principio a fin y que viene a relatar en resumen la manipulación de lo que solemos llamar “público”- de nuestra vida real. Lo que sucede es que para recrear esa situación Ovejero recurre a la dosificación de las señales que dan cuenta de lo que está ocurriendo en realidad; de modo que el lector desde el inicio advierte sin ser consciente de ello que “algo” se le está escapando o diciendo sin decir y que la lectura necesita continuarse para entender qué se le está diciendo de verdad. Son pequeños signos, pequeñas señales, por ejemplo, una frase, como en Venta Segura, que nos pone ya sobre aviso: “ ni siquiera le había oído abrir la puerta”, y que de ser una simple venta de un seguro a una pareja de ancianos se va convirtiendo en un relato de terror absolutamente siniestro. O una expresión de una sensación que traslada la inseguridad al lector, por ejemplo en el extraordinario relato La Casa en Armagedón, que remite a textos bíblicos, pero que en sí mismo lo que está relatando es una destrucción que recuerdo a Cien Años de Soledad: en el relato hay una frase iniciática: “la casa es un monstruo que bosteza”. Esa personificación es la que transmite inseguridad e indecisión al lector sobre lo que va a leer después.
Porque, y enlazo con el segundo punto que comentaba, Ovejero no relata una solo relato en cada cuento, sino que traspone deformando la situación narrativa el objeto de interés del lector de un suceso a una persona o a la inversa. ¿Qué es lo importante en Me duele más a mí?…en el inicio de este cuento de aparente culpabilidad asistimos ya a una frase inquietante que nos pone sobre aviso , “el deseo de hacerle sufrir estuvo siempre ahí”. Pensamos y de momento lo confirmamos que alguien nos va a contar que se siente culpable por ese deseo. Pero Ovejero de forma sutil a través del detalle concreto traspone el sentimiento de culpa a la realización del deseo, también con un párrafo mínimo : “¿Quiere decir que va a ser muy doloroso?”: el lector recuerda entonces el inicio del relato y advierte que está ante una nueva situación.
Estas dos características se mantienen en el conjunto de estos excelentes cuentos, ambas son capaces de mantener la tensión narrativa hasta el final, además mediante un lenguaje que no necesita adornarse para matizar sino que juega con frecuencia con la elusión, dejando entrever a quien lee el final del relato.
Un libro fresco, original, inquietante, que nos hace pensar que efectivamente vivimos en un mundo extraño: al fin y al cabo los extraños somos nosotros. Muy recomendable por tanto.

Acerca de alenar

Alena Collar. Periodista. Escritora. Madrileña.
Esta entrada fue publicada en Literarismos. Guarda el enlace permanente.