Una razón de Ser. “El mundo en el oído” de Ramón Andrés.

Ramón Andrés es musicólogo. Tiene en su haber artículos, libros sobre música, sobre Bach, sobre Mozart, sobre el silencio en la música. Yo no le conocía hasta ahora siendo según voy leyendo un intelectual de reconocido prestigio. Siento no haber leído antes sus libros, cosa que me prometo enmendar poco a poco.

Me acerqué a su libro que se ha reimpreso en el 2016 por Acantilado, pero que es del 2008, El mundo en el oído, el nacimiento de la música en la cultura, porque el titulo me sedujo y la contraportada también. Sencillamente.
El libro tiene 491 páginas y a mí me dio un cierto miedo al hojear los capítulos. Aun así comencé a leerlo hacia el 15 de septiembre; el 21 de este mes acababa el segundo capítulo. Hoy he terminado este extraordinario libro.
Ramón Andrés en cada capítulo desvela cómo nace la música en una civilización determinada, Egipto, Mesopotamia, o Israel, por ejemplo, pero esto no es lo importante, sino cómo al acercarse al inicio del sonido y después a la música hace a través de numerosísimas muestras y citas y recuerdos de pensadores, a través de la explicación de la cultura a la que se refiere, un ejercicio intelectual de profundo humanismo. Lleva al lector de la mano a través del rito, del canto, de las costumbres agrícolas, de las ideas míticas de cada cultura para indicarnos cómo la música siempre, en todos los tiempos, desde el albor de la humanidad, ha sido una necesidad de armonía y un motivo de cohesión.
Hay un enorme sentido espiritual y –si se me permite la palabra- renacentista en este libro. Asistir a las formas de expresión musical y a sus derivados de discusiones entre las culturas respectivas sobre cómo dar significado al hecho musical, desvela también que el ser humano necesita el significado además del significante para dar sentido trascendente al rito, a la creencia o simplemente a su estar en el mundo. A encontrar su lugar en el mundo, como dice en algún momento del libro.
Es un libro de un estilo muy claro, muy llano y a la vez muy técnico cuando es necesario; es cierto que en algún capitulo –el dedicado a Grecia- se deja llevar por una especie de necesidad de nombrar los sucesivos filósofos o teóricos sobre la música y quizá desarrolla menos un aspecto que a mí me pareció en este apartado muy sugerente: las discusiones sobre la “nueva” y la “vieja” música, y también en el capítulo dedicado a Israel incide más en el nacimiento en los primeros tiempos del cristianismo de la forma musical sacralizada y no desarrolla en exceso la música propiamente judía. Pero eso no desmerece en nada el libro. Para alguien como yo, a quien las matemáticas le parecen –a mí, digo- una ciencia abstrusa y distante, ha sido muy interesante el capítulo dedicado casi con exclusividad a la teoría de que ellas conforman el sonido del universo. Cita el autor en otro párrafo a Fray Luis y su música de las esferas, y viene muy al caso después lo que explica del Big Bang, casi al final del libro.
Creo que a quien le guste la Música, tanto como estudioso, simple aficionado o creador, le gustará muchísimo esta obra. Es para leer despacio: su incardinación con la filosofía es evidente; sus preguntas casi finales sobre el sentido del Ser, y sobre la armonía y melodía del mundo no son preguntas banales: vienen de muy lejos, como el propio autor va desvelando. Es un libro para sumergirse en él e ir anotando, porque es un libro para re-pensar. Deja poso, huella y…Sonido que se convierte en Música.

Acerca de alenar

Alena Collar. Periodista. Escritora. Madrileña.
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