Aitor Romero Ortega Entre la memoria y el olvido. “Fantasmas de la ciudad”.

Acabo de terminar un magnífico libro que reconcilia-al menos a mí- con la Literatura. El de Aitor Romero Ortega, Fantasmas de la ciudad, editado por Candaya. Un libro de relatos.

He leído algunas reseñas en las que-en general o yo he leído mal esas reseñas- se habla en un tono muy, ¿cómo diría?…para ser sincera, que me da la impresión de que no se han leído el libro sino el dossier de prensa y algún relato.

El libro es mucho más que unos relatos acerca de “fantasmas que va encontrando el autor en las ciudades y sobre todo en Barcelona”, como parece que se quiere dar a entender. El libro- en mi criterio- es una búsqueda de identidad de cada personaje principal –y a veces de los secundarios- de cada relato. Todos ellos sienten su vida incompleta. Y salen de su lugar habitual para ir a otros lugares a encontrarse o a perderse definitivamente. Todos ellos guardan una memoria de infancia o adolescencia que es como un signo, un símbolo, una señal que marca no solo su vida sino su necesidad de reencontrarse a sí mismos. Y así, todos ellos vagan como fantasmas , de modo circular regresando a los sitios que les marcaron, asesinos metafóricos de un crimen imperfecto, para encontrar sus propias huellas.

El tema del viaje como búsqueda y de la infancia como memoria. Y la contradicción del olvido imposible, y la paradoja de que cuando se regresa , se hace a un lugar equivocado, o más bien el protagonista siente entonces la desubicación que da el tiempo transcurrido. Así Naima, en el relato del mismo nombre, eterna viajera circular, regresadora al final de años de peregrinaje para no encontrar sino la soledad, así  Unai Guerrero en Hotel Torino, enfrentándose al fantasma de su padre “en una mezcla de sus propios mitos y los de su padre que eran en realidad los mismos”, así el protagonista de Spaghetti Western, buscador de su juventud en una historia de doble sentido- el cuento dentro del cuento-, así los fantasmales personajes de Aeropuerto  del Sur, un claro homenaje a  Cortázar en el que el autor resuelve con un giro valiente el final del relato, pues se le podía haber convertido en un disparate y termina siendo una metáfora de puro realismo agobiante.

 

Aitor Romero tiene sobriedad en el estilo. Elegancia en el lenguaje, y sobre todo es capaz de dotar de atmósfera propia cada relato: una atmósfera a menudo melancólica, de nostalgia indefinible, como si supiese “de pronto que la fiesta había terminado…y que nada volvería a ser igual” (página  186).  Por acabar: no se pierdan el relato que da titulo al libro, uno de los más –si se puede expresar así- conmovedores por su ternura discreta sin sentimentalismo y su suavísima patina de melancolía.

Ha sido un verdadero placer leer este libro; demuestra que la elegancia, la sobriedad, la sencillez y la cultura- hay innumerables referencias diseminadas a escritores, músicas, estilos de creación- pueden ir de la mano y con todo ello escribir un magnífico conjunto de relatos, que recomiendo de corazón.

Acerca de alenar

Alena Collar. Periodista. Escritora. Madrileña.
Esta entrada fue publicada en Literarismos. Guarda el enlace permanente.