La intimidad del artista. Leyendo a Ingmar Bergman.

Leo a Ingmar Bergman. Sus cuadernos de trabajo. Leo sus dudas, retrocesos y avances sobre sus películas, lo que se le ocurre, lo que desecha, cómo funcionaba su mente al crear.  Independientemente de que me esté interesando mucho, me pregunto si él quiso o pensó alguna vez que estos cuadernos se iban a publicar.

Es verdad que a nosotros, a quienes lo leemos nos aclara cosas, nos estimula, nos interesa, que es una forma más de conocerle, pero me pregunto- siempre me pasa con este tipo de libros- si no es meterse en la intimidad de alguien sin permiso. Como abrir con llave una casa que no es nuestra y meternos a fisgar dentro. Tocar los objetos, cambiar las cosas de sitio, registrar los armarios, aprovechando que la persona ha muerto. Reírnos de las ocurrencias o juzgar una frase. Una frase escrita para sí mismo, nunca pensando que años después sería juzgado por ella, estudiado, diseccionado. Conste que este tipo  de libros, salvo cuando son en exceso íntimos- me interesan mucho. Pero también creo que hay un límite. Me explico: hace años salieron las cartas de amor de Salinas. Las cartas-con permiso de los “estudiosos” son un perfecto coñazo: Salinas simplemente se pasa el tiempo llamándole amor mío, y todos los tópicos a su querida. Que además no era su mujer. Y que allá él si no lo era y quería estar con ella, pero ¿realmente es importante eso, añade algo al poeta, al conocimiento de Salinas escritor?…Como ese libro otros tantos similares. Se escriben biografías, monografías, estudios sobre artistas: algunos muy interesantes, llenos de sensibilidad, que ayudan a entender al artista, que aportan ángulos nuevos de visión sobre él. Y sin embargo otros son un mero meterse en la vida privada de este. Hace un año leí una biografía “así” sobre Virginia Woolf: me causaba hasta sonrojo. Este libro no es así, es cierto, porque son cuadernos de trabajo del cineasta,  pero también entran opiniones personales, intimidades. Es un libro de todas formas bastante discreto en este sentido, o lo era Bergman. Y de todas formas, la pregunta sigue ahí, al menos para mí: ¿tenemos derecho a extraer la intimidad del artista, a meternos en su casa, a cotillearle lo que tiene en su habitación?…

*Este articulo salió originalmente en mi muro de Facebook*

Acerca de alenar

Alena Collar. Periodista. Escritora. Madrileña.
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