Leer despacio. Sobre formas de lectura y libros intercambiables.

 

El titulo creo que ya anuncia de qué voy a escribir esta vez. Es un tema que siempre me ronda la cabeza y que toco aunque sea de pasada muchas veces. Ahora quería dedicarle un escrito más detallado.

Creo que cada uno lee a su manera, eso para empezar, y a quien le apetece y me parece estupendo, solo que eso mismo ya da una medida de lo diferentes que somos al acercarnos a la lectura. De los diferentes gustos también. Porque hay libros que se pueden leer deprisa y hay libros que solo se pueden leer despacio. Y dependiendo no solo de nuestro gusto sino también del ánimo que tengamos en el momento lo haremos de una u otra manera y elegiremos un libro  u otro.

Ahora bien, como va en gustos y es mi subjetividad la que está escribiendo este artículo yo diré que a mí me gusta leer si no despacio, sí con reposo. Y lo malo es que, muy a menudo, cuando leo con reposo ciertos libros me entero de muchas más fallas que si lo leo deprisa. Porque presto-naturalmente- más atención. Hay libros por eso a mi entender escritos para leerse deprisa, que no atienden a ciertas formas mínimas de calidad literaria y sí al “instinto” lector que anima a “seguir leyendo a ver qué pasa”; lo malo es que quien lo escribe, por atender a seguir “la acción” para no defraudar a su impaciente lector, se olvida de la coherencia, de la estética y hasta de la lógica argumental.  Son lo que yo llamo “libros intercambiables”; libros que explotan un tema de moda con alguna pequeña variante, libros que dan recetas de “vida”, libros que se escriben sobre un asunto de actualidad, etc. Libros que a menudo se nos presentan como”radiKales”, con ka, “al límite”, y que una los lee y piensa que ha leído igual de deprisa  decenas de libros “más de lo mismo”.

Subjetivamente para leer necesito que el escritor tenga el reposo suficiente como para decirme algo  con calidad literaria, sentido, coherencia  e interés suficiente como para que yo pueda leerlo reposadamente.  Embeberse en un libro no significa “tragárselo de una sentada”, sino perder la noción del mundo alrededor porque estás en el del libro. Y eso requiere reposo: en la lectura y en la escritura.

Porque el placer de la lectura no es tragar libros, sino degustarlos. Releer una frase o un párrafo; que te sugiera asociaciones, que te apetezca anotarlas, comentarlas o escribir sobre ellas. Es decir, que el libro te deje poso. Que días después, tiempo después, recuerdes el libro. Y un libro leído a toda velocidad puede divertir o entretener, pero no deja huella porque no se asimila. Porque no está escrito para que se asimile, sino para eso: como otros muchos intercambiables: para el consumo, para la venta, y para el olvido y a por otro similar.

Deberíamos enseñar en las escuelas no a leer. Sino a leer despacio. Incluso los libros que están escritos para leerse  deprisa: sería la mejor manera de distinguir por fin la calidad de la mediocridad.

Eso que solo se consigue con años de lectura y por tanto de aprendizaje.

 

Acerca de alenar

Alena Collar. Periodista. Escritora. Madrileña.
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