Carlos Wynter en el límite de lo real. “Mujeres que desaparecen”.

Conocí a Carlos Wynter en la Feria del libro, una tarde que no llovía. Casi milagro, porque salvo ese día-el dos de junio- y otro, no volví  al Retiro. No recuerdo una feria más triste. Además de la caída que ya me impedía ir con normalidad, no cesó de llover y decidí no ir más la tarde que me empapé en el camino y me costó un catarro de cuatro días.

El caso es que charlé brevemente con el autor, que me dijo que estaría pocos días, hablamos sobre la dificultad de encontrar libros desde Hispanoamérica y viceversa, salvo los de las Grandes Empresas, claro, y yo quedé en “avisarle” cuando reseñara su libro de cuentos, Mujeres que desaparecen. Editado por Uruk Editores.

Es un libro extraño este. Se inserta dentro de la literatura de ficción y tiene un punto-solo un punto- leve de disparate textual. Es decir: hay que aceptar que nos creemos la verosimilitud de lo narrado. No, no se trata de “la verdad narrativa”, esta no existe porque para eso la inventamos o modificamos cuando escribimos, pero sí existe la verosimilitud. El conseguir que el lector se crea lo que lee: que acepte el juego. En muchos relatos Wynter lo consigue, en “el hombre sin cuerpo”, “hallar al padre muerto”, “los asesinos”,  o el que da título al libro que, es el más realista, por ejemplo. En otros no, como en Giganta”, o “don Miguel y la nanotecnología”.

En todos los cuentos hay una conclusión ética por así llamarla. Una reflexión filosófica acerca de la bondad, del actuar del ser humano, de los peligros del propio vivir. En todos también las mujeres tienen un papel capital  como seres esquivos, seres que pudieran no estar ahí, seres que se adivinan necesario pero fugaces: que desaparecen; y eso lleva a los personajes  a cambiar sus perspectivas de vida.

El lenguaje es accesible, aunque a mí me parece que en algunos cuentos Wynter ha querido dar  por sobreentendidas algunas cosas y sin embargo no las deja claras para el lector: es decir que la elusión, lo que ha de completarse,en algunos cuentos no funciona como sería deseable.

De todas formas me parece que es un libro que debería conocerse algo más en España, y así contribuir a que ese silencio inter-océanos sea menor.

 

Acerca de alenar

Alena Collar. Periodista. Escritora. Madrileña.
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