Libros no reseñados del mes de Noviembre.

Este mes son bastantes. Algunos dejados apenas empezar, otros terminados pero no dan para reseña individual. El primero está en formato e-book. Algunos de ellos serán “liberados”. Omito por cortesía decir los nombres.

Miklós BánffyLos días contados.

Es un libro bellamente escrito que sin embargo resulta absolutamente anacrónico, tanto en lo que cuenta, las aventuras y amores de un miembro de la nobleza húngara a primero de siglo-, como en la manera de contarlo. Una según va leyendo ingresa- por así decir- en un mundo muerto, que no existe pero que además el autor no consigue hace que viva. Es decir, que lo que sucede es un dramón  y a mí me aburre; es como leer una serie de juegos florales. No lo acabé.

George ProchnikEl exilio imposible. Stefan Zweig en el fin del mundo.

Este libro podría haber sido un gran libro, y para mí no lo es. He llegado a la página cien. Una, leyendo el título del libro pensaría que me van a hablar de por qué o qué idea tiene el autor de la razón de que el exilio de Zweig resulte una contradicción. Una esperaba mayor altura intelectual para explicar esto, pero se encuentra con opiniones, anécdotas, datitos, semblancitas…todo muy al uso de estilo periodístico pero muy poco al uso de explicaciones coherentes. Que Zweig se vio atrapado entre su mundo perdido que idealizó y el mundo que se le vino encima y del que no entendió nada hasta que le empezaron a perseguir a él, ya lo sabíamos si hemos leído “el mundo de ayer” y las cartas con Roth. Entonces, ¿qué aporta el libro de nuevo: una serie de opiniones y anécdotas?…Yo para ese viaje no necesito alforjas, ni este señor 300 páginas. Así que lo abandono.

Luis Mateo Díez. El hijo de las cosas.

47 páginas he soportado. Creo que Mateo Díez ha ido derivando peligrosamente en sus novelas a una literatura de lo obsceno y-si se me permite la palabra anacrónica- rijoso muy cercana a la grosería. Me explico: uno puede ser divertido, irónico, cáustico literariamente pero literariamente leer durante 47 páginas que un juez se rasca los cojones-con perdón- como si ello fuera un dato que el lector tiene que tener en cuenta en “lo que pasa”, a mí me aburre a no ser que Díez haya querido escribir una novela erótica. Y creo que no era su intención. Me van a perdonar los lectores/as del autor y el propio autor pero al leer me parecía estar leyendo al típico viejo verde que se sienta en el bar a mirar “qué puede rascar”.

Una sensación extraña. Aparte de poco interés, de poca sustancia narrativa, de poca creatividad. Lo siento porque Díez me ha ido decepcionando cada vez más a medida que lo he ido leyendo. Como si hubiera ido descendiendo en su propio auto exigirse para llegar a no exigirse nada.

Miguel Mora. Sombras ¿nada más?

Me envió este autor un libro suyo a pesar de no tener ya relaciones amistosas conmigo. Lo digo de entrada porque pensé no leer el libro: no lo había pedido ni él me preguntó, solo lo envió y punto. Hace meses, casi un año, que he dejado de leer por obligación, por así decir. Y cuando se me envía un libro que no he solicitado es difícil que lo lea.

He leído parte del libro. No está mal. Basado en fotografías realizadas por Elena Vilas, reflexiona o crea una estampa sobre ellas. Tiene sobriedad narrativa. Algunos textos me han cansado un poco o me han parecido algo confusos. No estando mal no me llegó a interesar tanto como para acabarlo.

José Jurado Morales.Carmen Martín Gaite,  el juego de  la vida y la literatura,

Recopilación de artículos procedentes de conferencias, ensayos, parte de tesis doctoral y artículos de revista sobre Gaite. Es un centón de citas de otros, opiniones sobre la autora y cierto sesgo del autor en el que parece deslizar la idea de que la Gaite empezó a escribir porque imitaba o “quería ser” Aldecoa. Lo he leído en oblicuo. Me parece mediocre como pensamiento original y penoso como recensión de citas porque para eso ya tenemos los originales. Sin valor alguno, ni siquiera documental.

Wislawa Szymborska. Correo literario.

Es un libro menor. En realidad no es un “libro” sino ua recopilación de respuestas de la autora a cartas que llegaban a la revista donde trabajaba. Tenía una sección para que los escritores/as la preguntaran y aquí se dan solo las respuestas. Cáustica, irónica. Sí, pero aunque te rías una no puede evitar sentir que responde con una autosuficiencia por encima del bien y del mal poco agradable. Si no quieres leer mala literatura no abras la sección.

Creo que el libro es una excusa al socaire del éxito que está teniendo la autora en los últimos años en España. Que por otra parte se lo merece: sus ensayos y artículos son muy buenos. Pero esa gavilla de respuestas no añade gran cosa. Lo terminé, este sí. No se pierde nada con leerlo pero aporta poco.

Paul Auster4.3.2.1.

He llegado a la página 71. Y no. Que narra bien, sí, que lo hace con estilo, también. Que tiene viveza al contar, desde luego. Que NO me interesa nada de lo que sucede en la novela: exactamente.  No me interesa el mundo que narra, no me interesa las vivencias de la clase media americana, me dan igual los apartamentos de east river o como se diga.  Ya sé que luego esa historia se desdobla en otras en las que se juega con las posibles diferentes vidas del protagonista, pero no me trago novecientas páginas de americanismo para ver qué hubiera podido pasar.

Lo siento por Auster. Algunos libros suyos me han gustado mucho, sobre todo su biografía que me pareció de una sencillez y ternura preciosas, pero este, no. Tengo demasiados libros por leer como para perder el tiempo con 900 páginas de disquisiciones sobre América.  Igual es que América me la trae al fresco. Vaya usted a saber, pero soy sincera. Me aburro. Y cuando me aburro, lo dejo.

Manuel Longares. Sentimentales.

Está una mayor para surrealistadas narrativas.  Ni me divertía ni me entretenía ni me interesaba la historia. Y además el lenguaje que quiere pasar por ser experimentalista me parece una simple impostura. No me creo la historia desde el inicio.  No me creo el lenguaje. Y me aburro.

Acerca de alenar

Alena Collar. Periodista. Escritora. Madrileña.
Esta entrada fue publicada en Literarismos, SIN RESEÑA. Guarda el enlace permanente.