Puede tener calidad y aburrir a un santo.

Es lo que pensaba leyendo ciertos libros. A veces no se entiende mucho esa dicotomía. Un libro puede tener calidad literaria: estar muy bien escrito, ser coherente con la narración, tener una estructura perfecta, tener un desarrollo ajustado, dotar a los personajes de una psicología que no los haga “planos”, tratar un tema original.

Sí: y a la vez puede aburrirnos hasta hacernos aullar.

Es una paradoja pero sucede. Y entonces, ¿qué hacer?…

Mucha gente confunde: “si me  divierte, tiene calidad, si me aburre, no”. Y yo creo que no tiene nada que ver. A mí me aburrió terriblemente “Pedro Páramo”, de Rulfo. Y tiene muchísima calidad literaria. Y me encantan las novelas de Jose Mallorquí del Coyote y literariamente son nulas de calidad.

El aburrimiento en la lectura no es un indicador de la calidad. Sino de lo que nos produce al leer. Y eso siempre es opinable. La calidad es otra cosa. Por eso la calidad literaria sí es objetivable, mal que pese a muchos. Pesa a muchos porque se puede objetivar si un relato, una novela, un cuento, tiene sentido, está bien estructurado, no le cojean las “junturas”, no se le ven los “remiendos”, es coherente con el propio relato, tiene un ritmo y un tono que no decae, etc. Pesa mucho que se diga esto porque siempre sale el “pues a mí me ha gustado mucho”; y no tiene nada que ver. A mí me  puede chiflar Agatha Christie,  pero literariamente no pasa de ser una estructura repetida de novela con apenas variaciones y temática.

Y al contrario. Puede aburrirme y dejar de leer una magnífica novela de gran calidad literaria pero resultarme insoportable lo que se relata.

Creo que hasta que dejemos de confundir calidad con aburrimiento seguiremos teniendo un problema al decir de un libro que es un coñazo aunque tenga calidad, o que es divertidísimo aunque sea nulo literariamente.  Porque en general no se ve la diferencia.

 

Acerca de alenar

Alena Collar. Periodista. Escritora. Madrileña.
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Una respuesta a Puede tener calidad y aburrir a un santo.

  1. Pero es que salvo en esta bitácora -lo que honra a su autora- lo normal es que no se unan ambas consideraciones. De ahí muchas confusiones y malos entendidos.

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