Isabelle Eberhardt. Diarios de una clasista fanatizada…

Isabelle Eberhardt fue hija ilegítima de Alexandre Trophimowsky y de Nathalie Moerder, nació en Suiza, vivió una cuidadada educación y en mayo de 1897 viajó por primera vez al Norte de Africa con su madre. Esta se convirtió al Islam, Isabelle aprendió árabe y su sueño fue siempre vivir en el Magreb.

Es lo que hace y nos relata en estos diarios de una nómada apasionada, sus últimos años allí.

Son años de juventud, de torpezas, de ingenuidad y según se desprende de estos diarios de –para decirlo en vulgar- “tener una buena empanada mental”.

Isabelle quiere vivir en el Magreb, en Argelia, pero no quiere aprender nada, no quiere conocer a sus habitantes, no quiere relacionarse; pretende una vida de soledad y autoconocimiento, llegar a lo que llama su paz interior. Se convierte al Islam, llega a un misticismo fanático, y se enamora perdidamente de un soldado. Se casa con él después de muchas dificultades,  y se instalan modestamente en un poblado en el cual muere dos años después.

Hasta aquí muy resumido este libro.

Ahora bien: el libro se nos presenta en su promoción como los diarios de una mujer progresista, feminista y rompedora y  no hay más que leerlos para deducir que Isabelle era una clasista de consideración. Ella no quería entender  África, no quería entender su cultura, no quería entender el Islam: quería que la entendieran a ella. Leyendo sus apreciaciones sobre Argel, Túnez, los pueblos donde vive, siempre hay una frase despectiva, siempre hay un desprecio hacia lo que ve. Y no digamos ya sobre la gente humilde, a la que trata poco menos que de “ odiosa, horrible civilización de los hervideros infames de las clases bajas”., “odio ferozmente a la muchedumbre”… “en cuanto a mí, la aversión hacia la muchedumbre desarrapada es innata”..  “Estaba escrito que solo yo me salvaría moralmente” (habla aquí de su familia).

 

Son frases tomadas al azar, pero de las que está plagado el libro. Interesante tiene la descripción de algunos  paisajes, cierta  sensibilidad hacia él. Nada más. Es decir y para entendernos: como documento puede leerse, como ejemplo de mujer progresista en ningún caso. Literariamente es un diario sin intenciones de ser publicado.

Mi conclusión: un libro curioso pero innecesario.

Acerca de alenar

Alena Collar. Periodista. Escritora. Madrileña.
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