Javier Vásconez. Atmósferas. » El viajero de Praga.

Javier Vásconez nos relata en El viajero de Praga una historia que es una excusa para relatar la soledad.

En la novela, asistimos a la vida de Kronz, médico del que ignoramos bien porqué ha marchado de Praga su ciudad de origen y ha recalado al final  en un pueblo perdido de Perú. Este sería el resumen superficial.

Lo que quiere relatar Vásconez a mi modo de ver es la huida. La huida de sí mismo y sus fantasmas de un ser que a veces por el estilo de novela que es, parece un fantasma de sí mismo también.

Asistimos a distintos episodios novelescos, en Barcelona, en la propia Praga, en la aldea perdida. Todos envueltos por una atmósfera opresiva, agobiante, brumosa, en la que se confunde el sueño con lo vivido, en la que distintos incidentes mínimos marcan los decursos de la acción ; también mínima.  Todo ellos silueteado por el recuerdo de una mujer: Violeta, que aparece y desaparece de la vida del protagonista sin dejarnos muy claro ni el porqué de ellas ni por qué es tan necesaria para Kronz.

El final de la novela es lo único que pareciera tener viso de realismo: Kronz abandona el inhóspito lugar y se marcha a la ciudad. Lo que sucede es que tampoco para ello hay demasiadas razones narrativas: el “héroe” sabía que Violeta se iba a marchar, y dada su naturaleza, la de Kronz, bastante pasiva, no se termina de entender que eso sea un desencadenante.

Vásconez nos ha contado una historia de ensoñación y apatía, de casi resignación, sin que tengamos-al   menos yo- la sensación de que hay una lógica interna en el libro.

Recuerda mucho a Rulfo, y también por la atmósfera, a las novelas de los no lugares: en la frontera de ninguna parte.

En mi criterio la novela pierde interés en las últimas cien páginas: el lector-yo- se puede cansar del tono y el lenguaje excesivamente repetitivo, demasiado etéreo, y dejar de leer. El libro tiene calidad  pero le falta un punto de interés narrativo.

 

Acerca de alenar

Alena Collar. Periodista. Escritora. Madrileña.
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