Sandra Patricia Rey: tocar el corazón. «Matrioshkas»

Hacer reseñas durante años supone que los libros me llegan de  formas variopintas. A veces-raras pero las hay- una editorial “Importante” me envía como si le hubiera dado un repente un libro de su catálogo. Esta “forma” me suele sorprender mucho porque las editoriales “Grandes” solo suelen enviar sus libros a periódicos Importantes, no a esta bloguera lectora que a saber qué dirá y que desde luego no es “fiable” a la hora de decir las lindezas de un libro si no le gusta. No es habitual esta forma de envío pero no porque digan lo de “a ella no”; es que no existo. Casi me alegra porque me dejan en paz con envíos que a veces habiendo leído los libros porque los he comprado yo, me parecen verdaderos infumables.  Y lo casco, claro.

Lo habitual es que sean autores/as y editoriales pequeñitas- y en ocasiones hasta semi fantasmales porque son de paga por editar- quienes me envían sus cosas. Ahí sí estamos al mismo nivel: ellos no son nadie y yo tampoco y si suena la flauta de que me guste mira qué bien y si lo pongo a caldo al menos se aseguran polémica. Aunque en alguna ocasión se producen enfados tremendos y hasta sofocos y de darme likes en redes pasan al “no existes para mí”. Ay señor.

Una sabe afortunadamente en qué terreno se mueve y nunca ha perdido el norte en ese sentido.

Son curiosas las formas de envío y más curioso aún leer otros blog tan presumientes- sin perdón- de todos los “contactos” de los que disponen y de lo serio y solemne que es esto de reseñar. Ay señor. Las lámparas deben estar moviéndose a velocidades de vértigo y alguno corre riesgo de acabar en el suelo ahogado por el clamoreo de sus reseñas de etiqueta y prosapia. Y perdonen el desahogo.

Toda esta perorata para contar que la escritora Carmen Dorado Vedia, que es amiga mía, hace meses me dijo que me tenía reservado un ejemplar del libro de Sandra Patricia Rey, Matrioshkas. Por si me apetecía leerlo. Y como sucede que a Sandra la conozco por redes, la leo y sigo sus comentarios sobre literatura, pues le dije que sí. Así de simplón, sencillito , humilde y sin lámparas sucedió el asunto.

Pues les tengo yo que decir que estos cuentos de Sandra me han encantado y verán por qué.

Sandra tiene imperfecciones en sus relatos, sí. Tiene algunos de final previsible, sí. A veces en alguno se adivina pelín forzado el desarrollo, también. Y sin embargo: estos relatos son frescos, originales, están escritos con soltura narrativa y salvo alguna excepción fluyen con naturalidad, tienen una estructura coherente con lo que narran, y además…además narran cosas que trascienden la anécdota personal para hacerla genérica. Y además: además tienen cercanía, apelan al lector, guardan esa complicidad innata del que escribe porque le gusta contarnos una historia. Son vivaces; algunos como “el muerto” divertidísimos, otros como “las tizas” son un ejemplo de psicología-aunque adivinemos el final-,  tratan temas comunes desde un punto de vista original y novedoso como en “el miedo es de los grandes”, muy bien resuelto narrativamente y con juego de voces muy fresco. Se adueñan de la voz narrativa de los niños con toda coherencia como en “La tía Laura”, Tienen un punto de vista juguetón y cómplice con el lector asomándose a la metaliteratura, como en “Homenaje”; uno de los relatos que me ha parecido de altísima calidad.

Este libro de relatos podrá como muchos otros tener sus  influencias lectoras: a todos nos influye no solo lo que vivimos sino también lo que leemos, pero a mi modo de ver tiene una Voz Propia. Un estilo y lenguaje propios, una personalidad propia.  Podrá tener como decía al principio alguna imperfección pero con ellas incluidas es capaz de tocar el corazón de quien lee. Es decir, el mío.

Y frente a tanto producto elaboradísimo, este libro se ha escrito para los lectores, no para los reseñistas. Y yo lo recomiendo a todos ustedes. Sin solemnidad alguna.

 

 

Acerca de alenar

Alena Collar. Periodista. Escritora. Madrileña.
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Una respuesta a Sandra Patricia Rey: tocar el corazón. «Matrioshkas»

  1. Sandrita dijo:

    Alena, escribí para los lectores, así como lo decís. Soñé con encontrarlos y ya ves, aquí estás vos para mi alegría y mi emoción.
    No tenés idea de cuánto bien me hace saber que mi voz es escuchada.
    Tocar el corazón de alguien al contar una historia es lo único que me importa, si se trata de ir más allá de mi disfrute al escribirla.
    Llegan tus palabras generosas en un momento vital que requiere más que medicinas.
    Gracias de todo corazón.

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