Álvaro García y la permanencia. «El ciclo de la evaporación»

¿Cómo se hace la reseña de un libro- El ciclo de la evaporación, de Álvaro García–  que, desde su primera frase  sitúa al lector en el “Tiempo” atemporal y a través de sus cuatro bloques, o partes, va desgranando los “accidentes” que rodean la intemporalidad, mientras el sujeto narrativo- el Poeta- se encuentra sin la pertenencia al instante, al Tiempo en sí mismo?

 

Este es un Poemario que, mediante una exquisita elección de recursos propios de la Poesía-anáforas, comparaciones, hipérbaton, enumeraciones, repetición de  estructuras sintácticas o de palabras, metáforas, entre otros- nos lleva desde una “mudanza” tanto real como metafórica, a través del no-lugar en el que se encuentra el Poeta-rodeando la Eternidad y la Memoria, pero sin apresarlas-, hasta un TÚ, definitivo en el que se cumple tanto la instalación en el lugar concreto y temporal como la atemporalidad del reconocerse en el otro.

 

Álvaro García utiliza paisajes tanto urbanos como rurales: el río, los edificios, las casas, las fábricas, el mar,  intentando encontrar lo permanente, lo que no es susceptible de olvido porque siempre retorna.

 

Mediante un trabajo de análisis riguroso de aquello que le rodea y su descripción, pasamos de una impersonalidad descriptiva en el bloque 1, en el que espera detener el tiempo en la costumbre- “solo yo falto”, nos dice; “ respiro tiempo como si la quietud se desplegase siempre a punto de ser”-, a un segundo bloque en el que el refugio del instante detenido es el que nos salva de la muerte. “Busco el resorte mínimo y total/ que  para el imparable / diapasón de la muerte y la convierte en día y en sentido”.

En el tercer bloque asistimos a lo que podríamos llamar un “desajuste”. El Poeta, ahora, además de buscar y de describir su búsqueda, analiza los contornos espaciales y temporales que le rodean, “una desacumulación interminable” la denomina.  Y más adelante: “reencuentro esencial del desajuste[…] para vencer el tiempo”  Pero ya en este tercer nivel asistimos a la aparición de lo que salvará ese desajuste: apenas es un indicio pero prefigura el último de los bloques del poemario: “Hay un amor que tiene / fuera de espacio y tiempo  sitio único/ quieta fugacidad/ de relieve invisible, aire que sabe/ todo que tiembla de totalidad”…”consigue unir esencia y existencia”.

 

Podría decirse que los signos externos mencionados como cosas concretas, ciudad, monte, cielo, trenes, tierra,  intuyen una plenitud a contramano de ese desajuste existencial del inicio:  “ este empate en vilo/ desajustada luz de un marco roto/”, dice, y, al final de esta parte prefigura la última sección del  Poemario: “¿Cómo instaurar un tiempo y un espacio?/ tú lo supiste antes, viaje en la memoria:/ amar y ser, como una transparencia :/ son una sola cosa el tiempo y el espacio”

 

La última parte o cuarto bloque de este magnífico poemario  desarrolla esa asimilación del “tú” en el “nosotros”, rescatando del olvido la memoria, haciendo partícipe del instante temporal presente el recuerdo del tiempo no compartido que se unifica, se hace palabra y por ello se atemporaliza.

 

Álvaro García ha creado un Poemario excelso a mi juicio. Como todas o casi todas las obras maestras, le ha llevado años de creación,, de pulir, de reconocerse en una Voz que Dice: como un río caudaloso, sosegado, con meandros de inquietud, pero con una conclusión final también sosegada que nos comparte.  Haciendo de ella un pensamiento no coyuntural, no del momento, sino atemporal, que permanece.

 

La cadencia, el ritmo y la musicalidad de  El ciclo de la evaporación, son evidentes para cualquiera que sepa de Poesía. El  ritmo interno de la frase, la acentuación silábica rítmica, en marcas de cadencia, la estructuración sintáctica también marcadamente repetida a intervalos medidos, la infinitud de giros léxicos y simbólicos de las estrofas. Unido todo ello a una idea que se va desarrollando con un lirismo contenido pero lleno de naturalidad, hacen de este libro  uno de los más excelsos ejemplos de eso que algunos llamamos Poesía.

 

 

 

Acerca de alenar

Alena Collar. Periodista. Escritora. Madrileña.
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Una respuesta a Álvaro García y la permanencia. «El ciclo de la evaporación»

  1. Milagros Diaz-Miguel Iglesias dijo:

    Maravillosa reseña por lo que merecerá la pena hacerse con esta obra. Gracias Alena

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