Un tintineo que resplandece. Jordi Doce. Beethoven.

Estas dos fotos que veis me han ocupado la tarde. En realidad el libro me ocupó también parte de la mañana; he leído  de él la primera sección, titulada “baraja inglesa”. Estos artículos de Jordi Doce que él dice en el prólogo que en su primera edición de 2005 pasaron casi desapercibidos, me parece a mí que merecen toda la atención lectora: porque son cultos, amenos, divulgativos, inteligentemente escritos y sin la menor pedantería.

 

 

 

Hay que ser humilde para decir en el prólogo que cuando salió por primera vez el libro casi pasó desapercibido. Otros escritores/as se hubieran callado. Aquí ha ampliado los escritos que recoge, y esta primera sección a mí me ha encantado. Me he enterado de la historia de Guy Fawkes, me he ido de paseo por Chelsea, y me he reído mucho con la historia del Poeta Laureado, por ejemplo. Y el último escrito de esa primera parte, me ha parecido absolutamente lleno de poesía y de lirismo.

Me gusta la elegancia al contar; fijaos, al leer estaba pensando que me recordaba mucho el estilo de Sebald, del libro que leí hace un par de meses. Es-aunque sean artículos- ese estilo moroso, sobrio, reflexivo, cercano y a la vez culto que a mí me hace subrayar, apuntar ideas al margen y sobre todo disfrutar muchísimo lo que leo. Aunque cuando lo termine habrá reseña y probablemente tome parte de este comentario para ella, ya quiero decir aquí que lo leáis. Que es una prosa estilizada, que requiere lentitud curiosamente porque se “degusta” y que no tiene la menor de las imposturas. Merecería reseñas mucho mejores y más importantes que la mía, porque es un excelente libro.

A veces bastan cien páginas para reconocer a un Escritor.

Y por otro lado la música, ay, Beethoven. Me iba de una frase del libro a un minueto y no sabía dónde quedarme…

Ay Beethoven y mi queridísimo Gulda; y mientras tanto, la prosa que acompaña. Ha sido por eso un domingo lleno de luz.

Sí: porque cuando se alían la música luminosa y la escritura cristalina parece que en el aire hay un tintineo de luces que resplandecen.  Miraba de vez en cuando, primero la mañana y después la tarde ir cayendo, sobre las notas, sobre las palabras, y sentía que el domingo  tenía sentido.

 

*Este escrito fue publicado originariamente en facebook, con algunas variaciones.*

Acerca de alenar

Alena Collar. Periodista. Escritora. Madrileña.
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