Un relectura de Esther Tusquets a propósito de las «disculpas».

En esta mañana de sábado entre varios libros por leer que ocupan estos últimos días, me ha dado por releer a trozos – lo hago con bastantes libros de vez en cuando, sin terminarlos: es decir, releo parte de un libro que me gustó, por aquello de recuperar viejos amigos- un libro de Esther Tusquets que tituló “pequeños delitos abominables”.

De este libro hice reseña en el ya lejanísimo 2010, y pueden leerla si gustan, pero hoy tenía yo ganas de ver algún artículo otra vez de esos delitos abominables que a Esther la jorobaban tanto la vida cotidiana, y caramba…me sigo riendo y me sigo sintiendo cómplice. En lo que dice por ejemplo de los dependientes que no quieren vender nada, en ciertos médicos, en ciertos taxistas, tiene una frase maravillosa: “ Nadie se disculpa nunca, nadie reconoce nunca sus errores”.

Y eso es lo que me ha hecho pensar. Porque sigue siendo cierto. El médico que te dice que no tienes nada y vas al especialista y tienes una sinusitis de caballo, el de la tienda que relata Tusquets con el “ de eso no tenemos, no hay, “ sin mirarte mientras bosteza y espera que te vayas. El taxista que se mete por otra calle y lo “arregla” diciendo que la culpa es tuya por no indicarle el camino…

¿Por qué nadie se disculpa nunca, por qué mucha gente es tan desagradable, por qué terminas pensando que sí, que hay pequeños “delitos” pero que son efectivamente abominables?…

 

No vendría mal releer este libro. Al menos ofrece cierto consuelo saber que no está una sola cuando le cabrean las mismas cosas.

 

Acerca de alenar

Alena Collar. Periodista. Escritora. Madrileña.
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