Crítica literaria. Una frase de hace más de treinta años.

Cuando terminé Periodismo, hace más de treinta años, me fui a ver a un primo segundo, familia de mi madre, que había sido periodista. Estaba ya jubilado; había trabajado en lo que se llamó Prensa del Régimen- muchos años en Pueblo-  pero nos unía  una relación amistosa, mi madre le quería mucho y él la dijo “cuando acabe dile que venga a casa un día”. Yo no iba a que me recomendara porque ya sabía, yo y todos, que alguien del Antiguo Régimen, jubilado y además con los nuevos tiempos que se vivían eso era absolutamente imposible. Tampoco lo pretendía yo, y él además sabía mis ideas políticas.

Me recibió en una casa preciosa, llena de cuadros, atorada de libros tan diseminados y colocados en lugares impensables como los teníamos en mi propia casa. Una casa con mucha luz, grande, con ventanas en el salón a la calle. Tuvo que quitar dos docenas de libros de la mesa del comedor para que pudiéramos tomar aquel café excelente que nos hizo su madre; una señora mayor, elegante, discreta y poco habladora que, después de ponernos el café, desapareció: mi madre también lo hacía en casa.

En aquel ambiente, podría decir de recogimiento, de silencio e intimidad, empezamos a hablar de periodismo Me contó anécdotas, nos reímos juntos de varios personajes de la actualidad de entonces, y llegado un momento determinado me preguntó qué tipo de periodismo me interesaba.

Le contesté que yo no quería hacer reportajes de actualidad, ni político, que aunque tenía mis ideas-me interrumpió: “es muy divertido lo bien que lo estamos pasando tú tan de izquierdas y yo un antiguo del Régimen” y yo me eché a reír. “la inteligencia es más importante que las ideas”, le dije- la política no era lo mío. Y entonces le añadí: a mí me interesa la cultura, la reseña literaria.

Se sonrió, naturalmente. Yo le había llevado dos breves escritos reseñando –entonces a máquina- dos libros de la actualidad de entonces. Los leyó y alzó la cabeza.

Fue entonces cuando me dijo algo que se ha convertido en profético: “ Se nota que te has leído los dos libros, pero te digo una cosa: está empezando a verse y llegará un día en que la mayoría de los libros de los que se haga crítica, el que la haga no se los habrá leído. Es muy fácil generalizar y con la contraportada se puede hinchar el perro de modo muy elegante”.

Era yo ingenua, muy cría, muy inocente y le miré con cara de susto. “Pero, si no se los han leído, ¿cómo van a poder  decir lo que piensan?”.

-Es que no dirán lo que piensan- se sonrió- sino lo que les digan que tienen que pensar.

Salí de su casa ya de noche.  Me estuvo enseñando su biblioteca, tendría tres o cuatro mil libros. Me comentó que en otra casa que tenían no recuerdo dónde “está el resto”. Su madre, que para entonces había vuelto a sentarse un rato con nosotros añadió: “nos vamos a tener que salir, para que haya más libros. “Lo que dice mi madre”, comenté yo.

 

Al regresar me iba acordando de la frase. Luego se me olvidó; el tiempo y los años. La vida y sus recovecos. Y sin embargo creo que lo que me dijo José María Gaytán se ha cumplido a rajatabla.

Algo debía saber de esta bendita profesión tan adocenada.

Acerca de alenar

Alena Collar. Periodista. Escritora. Madrileña.
Esta entrada fue publicada en Literarismos, periodismo. Guarda el enlace permanente.