Un hombre asustado. «Stefan Zweig, la tinta violeta» de Jesús Marchamalo, con ilustraciones de Antonio Santos

El dibujo que Antonio Santos coloca de portada en el libro de Jesús Marchamalo, Stefan Zweig, la tinta violeta, es absolutamente significativo de este retrato que en palabras se nos muestra del austriaco.

Marchamalo ha hecho muchos retratos de escritores/as en editorial Nórdica. Son retratos visuales, en los que con una pincelada por frase, como si fuera un impresionista, estiliza y siluetea la figura de quien habla: a veces solo basta una frase para configurar el sentido del libro.

Nos lleva habitualmente de la mano mostrando. Vemos. Olemos y sentimos los aromas, y sobre todo nos impregnamos de una atmósfera. La de la época y la del retratado. Es imposible no quedarse en las palabras de Marchamalo y así conocer a quien retrata.

Todo eso como es verdad hace que yo piense ahora en lo difícil que le ha debido resultar a Jesús explicar a Zweig. No difícil porque no lo haga con la misma maestría que siempre, incluso más por esa dificultad. Marchamalo dibuja una tinta violeta, una tinta que se seca, una tinta que no se sabe muy bien si entendió el tiempo que le tocó estar precisamente más fresca. Y por ello, la imagen de portada es la de un hombre asustado. Y por eso, Antonio Santos, su ilustrador nos dibuja escenas como un fotograma mudo acorde al texto.

El que no da crédito a lo que sucede a su alrededor. El que  se pone la mano en la cabeza y mira con ojos de incredulidad pensando: “ no es posible que esto suceda”. Marchamalo que sabe muy bien cómo crear una atmósfera ha conseguido lo más difícil: que sepamos qué opina de Zweig sin darnos su opinión.  Y por eso precisamente digo que ha debido ser su libro más complicado de escribir.

Hay que leerlo.

Acerca de alenar

Alena Collar. Periodista. Escritora. Madrileña.
Esta entrada fue publicada en Literarismos. Guarda el enlace permanente.