Trece que cuentan. Una Antología Uruguaya de relatos.

Acabo de terminar de leer  una Antología que tengo gracias a la amabilidad de María Tena: “Trece que cuentan”. Son, dice la contraportada: “trece escritores ganadores del gran premio de narrativa “Narradores de la Banda Oriental” y las menciones honoríficas de este concurso”. Narrativa Uruguaya, por tanto: se ha elegido a los nacidos después de 1973. Precisamente-lo explican en el prólogo- a causa de esa elección generacional no hay Escritoras. Me pregunto yo si lo que sucede en realidad es que no consideraron oportuno premiar a ninguna mujer nacida después de tal año, pero bueno, eso es otra cuestión.

 

 

El libro en su conjunto es interesante y ameno.  Interesante porque se lee parte de la joven narrativa uruguaya y se pueden ver algunas tendencias curiosas en relato; leemos desde leyendas de estilo rural en el cuento que abre el libro Procesión de Martín Bentancor, muy interesante en su manejo del tiempo narrativo y en el que el clima de miedo crece atemperado en el relato, pasando por  un postmodernismo duro y seco en el cuento final Noches del Indra, de Valentín Trujillo que, además, nos relata una historia de persecución radicada en sus orígenes en la época nazi, y abarcando también en otras  narraciones el tema familiar con una prosa poética y a la vez muy natural que sugiere bien el desapego, bien la pérdida de la infancia, como en SuperHéroes de Richard Dutra, que es un modelo de cómo relatar bien un fracaso en el crepúsculo de la vida, hasta llegar también a la metaliteratura de Martín Lasalt en La descripción de un personaje.

Todos estos relatos, con sus distintos estilos, temas  y lenguajes sin embargo  dan un conjunto de sensaciones al lector, de una forma de mirar desde la ternura hacia el pasado, desde la nostalgia a pesar de que el tiempo recordado fuera espinoso, casi siempre desde un presente en el que la lejanía no estorba a la memoria.  Y algo más que me gustaría señalar como una virtud al menos para mí, en todos ellos: la ausencia de mal gusto. Se puede contar, narrar hechos crueles, situaciones muy duras, incluso escabrosas, pero en ninguno de estos relatos se pierde nunca el tono. Es decir; el respeto al lector que lee. Al lector aquí se le conmueve, pero no se le da un “puñetazo en el estómago”, como parece ser la norma en muchos relatistas últimamente.  El lector no sale indemne de la lectura de estos trece que cuentan; pero sí sale agradecida-en este caso- de que lo cuenten sin gritos.

Para terminar, y ya saliéndome de lo que es una simple reseña: cuánto sería de agradecer que la narrativa y en general la literatura de los países hispanoamericanos circulara en España con facilidad.  Yo le debo este libro a la enorme generosidad de una amiga escritora, pero sería estupendo que este y muchos otros libros del otro lado del mar tuvieran lectores/as en España, tuviéramos fácil el acceso a ellos, pudiéramos pedirlos sin tener que saber nosotros y padecer ellos  el coste  económico que es exportar algo que se llama Cultura. Es decir: libros.

 

 

 

 

Acerca de alenar

Alena Collar. Periodista. Escritora. Madrileña.
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