Eloy Tizón. Una cartografía interior. «Herido leve.»

Acaba de publicar Eloy Tizón en Páginas de Espuma Herido Leve, que lleva como subtitulo “Treinta años de memoria lectora«.

En él recoge agrupados por temas artículos, ensayos y reseñas sobre libros.

Se ha destacado en las numerosas reseñas que a su vez se han hecho del libro sus diferentes aproximaciones a autores/as, cómo los “enfrenta” como lector, Eloy ha concedido diversas entrevistas sobre el libro. Y yo, mientras lo estaba leyendo, andaba subrayando.

No lo que dice, que a veces también, sobre un autor o un libro, sino lo que dice sobre la narrativa, lo que dice sobre el  acto de escribir, sobre cómo  se coloca uno/a delante de la página en blanco, sobre qué cosa puede ser la novela y el relato, acerca de los excesos y peligros de la desmesura a la hora de escribir. Lo que le gusta y no le gusta, sí.

Esa cartografía interior que subyace en este libro y que es la cartografía no solo de un lector sino de un escritor. Las señales del mapa que va colocando poco a poco, como balizas en el mar tan a menudo alborotado de las formas de escribir.

Y ahí, no solo en las reseñas, tan cercanas a quien las lee, no solo en el estilo de proximidad, en el juicio justo-por razonado- de un libro o un autor,  es donde yo me he detenido bolígrafo en mano. En las señales. En ese “la literatura consiste en referir hechos falsos que no han ocurrido nunca para alcanzar algún tipo de verdad transformadora” (p. 94).  O en “Los buenos escritores no son buenos por acatar dócilmente los dogmas, es evidente, sino por la extrema libertad que se conceden a sí mismos a la hora de ponerlos en entredicho  o quebrarlos”.

 

Libertad narrativa, por tanto, sí; ahora bien, sin desmesura: Porque “el desparpajo, el pintoresquismo local la desenvoltura periodística, la pincelada exótica, pueden dar ( y con frecuencia dan) como resultado la confección de reportajes solventes, pero nada más. La  literatura es otra cosa” (p. 420).

 

Por poner algún ejemplo.

Así nos vamos enterando de su alejamiento como lector del “libro vistoso”, o de la “espectacularidad narrativa” que deviene en mera orfebrería verbal. , pero también de aquellos libros en los que sobren “unas cuantas páginas de bilis y se echa de menos un mayor rigor en la planificación del material narrativo” ( página 491) y añade Eloy- y  yo con él “ ¿ Una metáfora de nuestro tiempo?”.

 

De estas y otras muchas ideas intercaladas en este Herido Leve es de donde sus lectores/as van a encontrar una idea de narrar. Una idea de contar: diferente, sí, que rompa esquemas narrativos, sí, pero que mantenga coherencia con el propio escrito, que juegue a hallar otras maneras de decir pero que no caiga en el virtuosismo sin sentido, puro oropel de palabras, que narre una historia sí, pero que al tiempo que nos conmueve  no nos haga caer en el sentimentalismo o en el polo opuesto en la perplejidad de no entender lo narrado.

 

Que nos rasgue, levemente, sí; pero que nos hiera y se nos quede la herida: pequeñita, manando, y así poder cicatrizarla con la lectura de nuevos libros, de nuevas historias, de nuevos personajes, que, como él mismo nos cuenta en el último texto, se nos insubordinen  y salgan a correr por los subterráneos del metro: como Quijotes que a lo mejor necesitan ese paraguas de la portada por si llueve otra cosa que no sea agua.

 

Acerca de alenar

Alena Collar. Periodista. Escritora. Madrileña.
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