Redon y los dogmatismos en el Arte.

He tardado bastante en leer este libro de memorias de Odilon Redon, con el título “A sí mismo”, y que es un diario del pintor.  El libro además es de edición ya antigua; apareció en Elba en el 2013. Voy a omitir los datos sobre el autor porque cualquiera puede buscarlos en la red y esto es una reseña de su diario, sin más.

Leyendo estas digresiones y afirmaciones del pintor y grabador hay dos cosas que se contradicen . Para empezar hay calidad literaria, hay expresión de estilo, hay un discurso fluido y muy bien articulado, existe un razonamiento muy elaborado de cada nota, cada frase, cada párrafo, está pensado, está pasado por el tamiz del estilo.

Por otra parte y esta es la paradoja, lo que ese estilo depuradísimo muestra es una grandilocuencia estética  que aleja al lector- o a mí en este caso- de lo que tan bien se expone.

Se usa la estética para el diario. Pero se usa de tal modo que nos aleja de la persona. De esta manera leemos opiniones sobre lo que es arte, que debe ser pasión, pero también “moral”, que debe apoyarse en la “realidad” pero también al ser apasionado dar lugar a la imaginación creativa y finalmente que debe estar en función de la luz y de la sombra, y como corolario del color.

Esto es lo que fundamenta Redon en el Diario, ateniéndose para ello a digresiones morales de todo tipo en las que lo que leemos es su visión subjetiva del Arte desde una cierta superioridad artística que, por ejemplo, le permite afirmar que los impresionistas no tienen futuro y no permanecerán en la historia del Arte, porque desdeñan la realidad.

Hay un profundo reclamo en el Diario de “la Verdad Artística”, que Redon insiste continuamente en atrapar; unas veces es lo perdurable pero inmediatamente añade que lo perdurable es lo “moral”, otras veces es la “pasión” para añadir sin demora que ésta debe estar al servicio de lo natural real.

Todo este discurso –muy bien estructurado- sin embargo se emite desde una presunción de Certeza que causa cierta sensación de patetismo. Una piensa en cómo hubiera sido la reacción del autor ante los fenómenos del Siglo XX como el Arte Abstracto y no puede por menos que sonreírse.  Una cosa es que no se aprecie un tipo de pintura y otra cosa es que como no se aprecia se quiera fundamentar el propio discurso bajo la premisa del “yo tengo razón”.

De ahí la paradoja que explicaba: frente a un libro muy fundamentado, elaboradísimo y razonadísimo, también el discurso de un dogmático.

 

 

Acerca de alenar

Alena Collar. Periodista. Escritora. Madrileña.
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