Luis Landero «Lluvia fina». Las palabras que empapan.

Cuando estuve en la presentación de Lluvia fina de Luis Landero, el autor, que me conoce de otras presentaciones, me gastó una broma a cuenta de mi nombre aludiendo a mi reseña de su anterior libro. Nos reímos juntos porque de muchas presentaciones compartidas también hay una pequeña complicidad : él sabe que le tengo afecto. Y yo creo que me mira con simpatía.

La presentación fue muy interesante y se aludió a temas que a mí me interesan mucho en la narrativa, como es la Voz, el Tono, la Estructura, la forma de armar una novela en definitiva. Salvo una pregunta de un chaval bastante despistado que salió  como se dice vulgarmente “por peteneras”, hubo un ambiente muy “Landero”; es decir, entrañable. Yo ya tenía el libro en casa, sin leer, pero Landero al aludir al tono de la novela comentó que a su juicio en la primera frase, en los primeros párrafos de esta ya está este “diseñado”.

 

 

 

Y llevaba razón. Porque los primeros párrafos de Lluvia fina  aluden a los relatos, a las palabras.  A la no inocencia de las palabras. Y como podrá ver quien lea la novela, de eso trata esta magnífica novela.

No somos inocentes de los relatos, de las palabras que pronunciamos, de las historias que contamos, a veces inventándolas, otras omitiendo hechos, otras magnificándolos, en ocasiones casi de modo inofensivo.

De todas esas palabras que no se lleva el viento quedan posos, limo, sedimentos, barro que, con los años se estanca, se compacta, se hace rígido y conforma una historia de vida y de relaciones con los otros. Esos otros que a su vez dicen palabras, omiten o acentúan con ellas realidades, medias verdades y también mentiras.

Y ¿quién escucha las palabras que decimos? Muchas veces parecen un monólogo hacia alguien que a su vez también expresa otro monólogo cuando callamos; sin escuchar apenas o adecuándolo al nuestro. Para que no se rompa la frágil inestabilidad del día a día.

En esta historia sin embargo hay una receptora de palabras. Una alcuza. Un vaso receptor de iniquidades pequeñitas, de traiciones quizá ciertas o quizá imaginadas, y de rencores trasvasados y atravesados a su vez por corrientes de afecto herido.

Aurora  es la cuñada de Sonia y de Andrea, las hermanas de Gabriel. A este se le ocurre la idea de celebrar el cumpleaños de la madre, reunirse todos y  así “ reconciliar viejas heridas”. Y Aurora, que siempre ha escuchado y que tiene su propia historia que no va a contarnos- quien narra va dando detalles de ella de modo discreto-, sabe que las palabras hieren tanto que removerlas significa que  llueva una lluvia fina que arrastre con todo, para sepultarlo más, para enlodarlo más, para que nada nos salve.

Landero fija posiciones narrativas desde el inicio: mediante un narrador que relata lo que sucede se intercalan a su vez los diálogos que cada uno de los protagonistas mantienen con ella. Y esto, con una suavidad en el fluir constante, nos lleva a un texto sobre el daño, la culpa, la herida.

Decía Tolstoi que “cada familia infeliz lo es a su manera”. Leyendo a Landero piensa una si esa manera no tendrá también un principio común: las palabras que no son inocentes.

Magnífica novela en la que al terminarla he sentido como cada uno de esos relatos transmitidos, cada una de esas historias sobre la alcuza, sobre Aurora, son como la lluvia fina: cae, parece que resbala, parece que no moja y al final, nos empapa. Como a ella.

 

Acerca de alenar

Alena Collar. Periodista. Escritora. Madrileña.
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Una respuesta a Luis Landero «Lluvia fina». Las palabras que empapan.

  1. Ahora ya sí me he decidido. A por el libro. Magnífica reseña

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