Manuel Rico: obra y vida en progreso. «Escritor a la espera».

No conozco personalmente a Manuel Rico sino por medio de las redes sociales. A través de diversas circunstancias he charlado con él en distintas ocasiones y me parece alguien con una inteligencia lúcida, con una trayectoria literaria que a partir de ahora seguiré pero que observo consolidada y de charla amigable y respetuosa.

El breve trato por este medio me hizo acercarme a su último libro, Escritor a la espera. Un diario que mantuvo entre 1985 y 1991 y que publica en Punto de Vista Editores.

 

 

En el prólogo, Rico hace mención precisamente del significativo título que ofrece el libro. Y he de decir que su acotación es muy ajustada a lo que el lector/a se va a encontrar.

Estos diarios son,podríamos decir, un trabajo en progreso mientras se está a la espera de adquirir seguridades o certezas; tanto a nivel personal como literario. Naturalmente que nos relatan lo que podemos llamar “cotidianidades” y también son un testimonio de la vida social, política y cultural de nuestro país en esos años, pero lo que impregna de relevancia y sentido a estas páginas es el cómo se va haciendo un escritor. Las dudas, los retrocesos, los ninguneos, las ilusiones, los manuscritos, las correcciones, las evidentes muestras de desaliento, el sentirse en ocasiones outsider de la literatura.

Todo ello a su vez está matizado o más bien influido por una clara relevancia de la actividad política del autor. Actividad que se cuestiona en todo el libro como contradicción con su interés en dedicarse casi en exclusiva a la labor creativa.

 

Podría este libro ayudar a muchos escritores/as en el desaliento de horas en silencio, y en la decepción del trabajo que a veces no se reconoce. Pero además puede dar fe de algo que hoy parece  estar olvidado: para ser escritor, para publicar, para aprender, hay que saber de los errores, hay que trabajar en silencio y sin prisas. Permanecer en una tarea constante y siempre a la espera.

 

Me han interesado mucho  las valoraciones estéticas  y literarias de Manuel Rico; de la narrativa y de la poesía, me ha interesado también mucho algo que quizá no se vea a simple vista: su tratamiento del paisaje como necesidad de aislamiento. Tiene descripciones bellísimas y muy sugerentes, llenas de lirismo.

Puedo subjetivamente no coincidir con apreciaciones suyas sobre lo que podríamos llamar muy en general “la literatura del compromiso”, pero creo que en este caso es por mero tema generacional: a mí, aunque ya tengo una cierta edad, me pilla muy lejos por ejemplo la literatura del realismo social. Entiendo que  a Rico, por circunstancias no le suceda igual.  Sería también interesante cambiar ideas sobre la “estética poética” y la llamada poesía de la experiencia; porque desde un primer paso en el que parecía que con ella los poetas se acercaban a “la vida común de la calle”   a mi entender hemos terminado en meros subproductos que, pueden estar en la calle pero de los cuales yo no salvaría a más de dos o tres “poetas” hoy en día.

Pero esto son subjetividades lectoras, es decir, ideas teóricas que son matizables. Lo interesante del libro es que es un excelente ejemplo de cómo permanecer a la vez a la espera y progresando: en la vida y en la literatura.

Muy recomendable por tanto.

Acerca de alenar

Alena Collar. Periodista. Escritora. Madrileña.
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