Sobre la lectura: Los libros malos.

Ya hemos topado con el asunto que nos lleva muchas veces a discusiones sin ponernos de acuerdo. ¿Qué es un libro malo, existen?

Metiéndome en jardines ya  adelanto que para mí sí. De entrada un libro malo- no hablo de obras técnicas o manuales sino de libros de creación- es un libro que no suma, que no aporta. Que no añade. Que no es original al menos en alguna faceta  del texto, que es incoherente en su expresión, que no tiene sentido o que su sentido es vacío, que no tiene el menor sentido de lo literario. En suma.

Y ¿Qué es el sentido literario?

El sentido literario es aquella forma de escribir que consigue que el lector considere que ese texto le pertenece también a él; aunque le irrite.

 

El buen libro es el libro perdurable. El que permanece a salvo de modas, gustos, técnicas, estilos, formas de pensar.

 

Escribir no es rellenar frases. Tampoco es conseguir un texto manteniendo una tesis sobre lo que sea sin el respeto que se debe a las palabras. Las palabras suelen ser traidoras cuando se las traiciona y se unen aunque no lo parezca para menguar al que las escribió.

 

Hoy se escriben cientos de libros malos. Porque hay temas de moda y el escritor/a usa el tema sin tener ni repajolera idea de que está escribiendo un pasquín panfletario. Textos autobiográficos que no aluden a la generalidad de situaciones que podemos compartir o sentirnos reflejados, sino que son meros desahogos verbales dignos de una redacción de primaria.  Best seller que se sostienen en cuatro ideas mal expuestas con los asuntos de moda: globalización, terrorismo internacional, sexo, naturismo en plan buen rollista que quieren demostrarnos lo bueno que es cambiar de vida  e irnos a vivir a parajes idílicos mientras el/la autor/a cambia de vida con las ventas del libro yéndose a vivir al centro de la ciudad o a un chalet con todos los adelantos de la técnica que dice despreciar. Poemas del yo, de la banalidad de la experiencia absolutamente personal y en absoluto generalizable, y su contrario, poemas del malditismo en los que quien los escribe a menudo usa la excusa del malditismo para no tener ni puta idea de composición lírica.

Claro que hay libros malos. Pero para saberlo hay que saber que la literatura no empieza el año en que nacimos y leer –un ejemplo- a Rimbaud antes de ponernos a escribir que “mi vida se diluyó con el whisky de tus ojos”. Porque ya lo dijeron antes que tú y mucho mejor, me temo.

 

Acerca de alenar

Alena Collar. Periodista. Escritora. Madrileña.
Esta entrada fue publicada en Teoría Literaria. Guarda el enlace permanente.