Devolverle la mano a la estatua. Eduardo Ruiz Sosa; «Cuántos de los tuyos han muerto».

La lectura de Cuántos de los tuyos han muerto, del escritor mexicano Eduardo Ruiz Sosa me ha sobrecogido literariamente y me explicaré.

En muchos libros de relatos lo que leo es una amalgama de historias que al finalizar no sé qué relación tienen entre sí, como si quien los escribe no tuviera una forma de ver el mundo,  una manera de acercarse a la realidad o a la irrealidad, que también puede ser motivo  de narración. Así que leo un conjunto de historias de las que unas me interesan y otras no tanto y me quedo un poco “como estaba”; con esa sensación del “ bueno, pues vale”.

Quiero decir que no acierto a llegar a ver el mundo personal narrativo de quien los escribe.

Eduardo Ruiz Sosa tiene un mundo personal narrativo intransferible, claro y contundente y además lo deja claro desde el primer cuento hasta el último, que por cierto, como verá el lector inteligente tiene mucho de coda del primero. Su conclusión y cierre.

 

El mundo que nos relata el autor es el de los vivos frente a la muerte de los otros. Los muertos no existen si no se convierten en presencia, en rastro, en sombra, en mano de estatua, en  el muerto de todos identificado como el individual. Los muertos, parece decirnos el autor, son lo único que podemos rescatar de su ausencia. Un olor, un rastro, una mirada, un eco. Una consanguinidad que nos interpela y nos pide paso con la muerte de los ajenos a nosotros y que hacemos nuestra reflejándola en nuestros propios ausentes.

 

El lenguaje de Ruiz Sosa mantiene una atmósfera propia de la lírica, de la lírica más onírica y sonámbula, entre el sueño, lo imaginado y lo realmente vivido, con párrafos y frases enteras llenas de simbología pero también de poesía. De Alta Poesía. En muchos de estos cuentos parecería estar leyéndose un canto arraigado en la tradición clásica, en Grecia, con frases enlazadas entre sí sin puntuación prosística, de modo que el lector asiste a una “escena” casi propia del teatro, en el que un narrador fuera apuntalando la acción o el decurso del pensamiento.

 

La muerte es algo que nos concierne desde que un cuerpo desaparece y sentimos su ausencia.  Y no hay descanso posible hasta que no conseguimos restaurar, instalar, esa ausencia-presencia en nuestras vidas como algo que nos pertenece. Es entonces cuando podemos decir que el “relato” se ha cerrado. De que debemos devolverle la mano a la estatua. Perdonen la metáfora; para entenderla, hay que leer el libro.

 

Un magnífico libro, sobrecoge, pero también ilumina. Léanlo.

 

Acerca de alenar

Alena Collar. Periodista. Escritora. Madrileña.
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