Releyendo «Las ataduras» de Carmen Martín Gaite

Ayer noche terminé o mejor dicho volví a leer el cuento que da título al libro de Carmen Martín Gaite, Las ataduras.  Es un cuento largo que con la terminología que hoy se usa llamaríamos “novela corta”.  Lo edita, bellamente, Siruela. Es cierto que con una cierta confusión porque añade a esta sección de Todos los cuentos, tanto las ataduras como Retahílas. Una hubiera preferido mejor distribución de los textos, para no confundir a los lectores que se acerquen por primera vez a la Gaite, a través de este libro. Hay una edición magnífica y aún en  marcha de la obra completa de Gaite, en Espasa-Ópera Mundi, que recoge con rigor –aquí sí- sus cuentos.  De cualquier forma es un buen libro para empezar a leer a Gaite.

No voy yo a hacer reseña de este libro Todos Los Cuentos, editado por Siruela, pues creo que con este comentario que hago ahora basta.

 

A Gaite la compro y la leo en distintas ediciones si creo que aportan algo nuevo, o completan. Esta lo hace en el sentido que decía antes. Un lector que no haya leído nada puede acercarse desde aquí.

Pero al terminar Las Ataduras, el cuento en concreto, que releo después de casi veinte años o más de hacerlo por primera vez, me entiendo mucho más y entiendo mucho mejor a Gaite. A  su mundo personal y al mío.

 

Cuando me acerqué por primera vez, tan joven yo, tan ingenua, pensé que las ataduras eran cosa de otros. Sin saber claro, que yo ya las tenía. Y no solo eso: que las tendría siempre. Y aún más: que elegiría tenerlas.

 

Las ataduras no siempre se eligen, y no siempre pueden desligarse. Lo que no sospechaba yo es que en ocasiones las ataduras son las que nos unen a los refugios que necesitamos tener a lo largo de nuestra vida.  Algo que plantea precisamente la novela: como una contradicción paradójica, sí, pero real.

 

No es verdad en muchos casos que no atarse sea ser más libre, o más feliz. El intento de desligarse de la protagonista conlleva la contradicción de que al conseguirlo no encuentra su paz ni su libertad.

 

Al final de mi “relectura” también entendí por qué hay libros que hay que volver a leer cuando la vida ha pasado por nosotros. No antes de que la hayamos vivido.

 

Acerca de alenar

Alena Collar. Periodista. Escritora. Madrileña.
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